Gracias Padre Angelo.
Un amigo mío sostiene que la ética es más importante y está antes que la religión. ¿Qué piensa usted?
Gracias y buenas tardes.
Giovanni



Respuesta del sacerdote

Querido Giovanni, 
1. para mejor responder a tu pregunta hay que distinguir entre el aspecto operativo existencial y el aspecto teórico y normativo.

2. A nivel operativo existencial vemos a muchas personas que sin ser religiosas, sin  embargo tienen cierta rectitud moral.
En este sentido el descubrimiento de la ética es anterior al descubrimiento de la religión:
De hecho, en cada persona, en su misma naturaleza, por así decirlo, está escrita la llamada ley natural, que por lo menos en sus principios básicos, es idéntica en todos los hombres.
Justamente siguiendo esta ley los hombres reconocen sin adentrarse en demasiados razonamientos, qué está bien y qué está mal.
Todos comprenden que es bueno, es más, necesario, proveer al propio sostén e instintivamente reconocen que todos tienen derecho no solo a la supervivencia sino también a vivir dignamente.
Mientras para ser religioso es necesaria una instrucción, que se nos diga que hay un Creador y que la misma ley natural tiene origen en él.

3. Con otras y más penetrantes palabras el Concilio Vaticano II expresó estos conceptos: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad. Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad. No rara vez, sin embargo, ocurre que yerra la conciencia por ignorancia invencible, sin que ello suponga la pérdida de su dignidad. Cosa que no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el hábito del pecado” (Gaudium et spes, 16).

4. Si en cambio se pasa a un nivel teórico y normativo y nos preguntamos por qué hay que hacer esto y por qué aquello otro, por qué esto está bien y esto está mal en todos los ámbitos de la vida, también en lo más íntimo y personal, entonces es necesario preguntarse cuál es el objetivo que cada persona humana está llamada a seguir.
Y puesto que el objetivo de la persona humana es el resultante de lo que es una persona, es decir un compuesto de materia y espíritu, de alma y cuerpo, y reconociendo que el alma humana no es solamente vegetativa o sensitiva como la de las plantas y los animales, sino que es también racional y por lo tanto espiritual, es necesario admitir que el objetivo de una persona humana se alcanza solamente en una vida que trasciende la materia, en una vita meta temporal, que se extiende más allá del presente.
El hombre a través de la naturaleza racional de su inteligencia percibe la existencia de Dios, y su tendencia hacia el infinito y lo eterno, entiende que ninguna realidad que no sea Dios, puede satisfacer plenamente las exigencias de su corazón.
Y junto a San Agustin puede decir: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti” (Confessioni, I, 1, 1).

5. Llegados a este punto se entiende que la religión es antecedente a la ética porque es bueno lo que lleva al hombre a la perfección y malo lo que lo desvía.
Este sería el nivel teórico y normativo de la persona.
Es aquí donde la religión antecede a la ética.

6. Concluyendo, se puede decir que no es necesario ser religiosos y reconocer que Dios existe para ser moralmente rectos.
Pero queriendo justificar cuál es el motivo de fondo por lo que decimos que algunas acciones son buenas y otras malas, hay que tener presente el objetivo último de la persona humana.
Y puesto que el objetivo último de la persona humana lo da la religión (independientemente de cual sea), llegados a este punto hay que afirmar que la religión precede a la ética.

7. Por esto justamente son reconocibles dos pilares de la ética normativa: Dios y la libertad del hombre
Dios, porque es el objetivo en el que el hombre encuentra todo su bien, su perfección.
La libertad, porque no se puede hablar de mérito o demérito, de responsabilidad o irresponsabilidad si el hombre no es libre.
El Concilio Vaticano II recuerda que “La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad” (GS 17).
Además: “la cual posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa” (GS 17).

Te deseo que siga prolongándose la alegría de la Pascua, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo