Buenos días P. Angelo
Le escribo para saber la opinión teológica o catequética respecto al alma y la relación con el cuerpo en situaciones extremas, más allá del orden que rige la llegada al mundo de toda criatura, en particular de nuestra especie.
Desde hace tiempo se que la razón humana no puede y tal vez tampoco debe bastar para todo lo que tiene que ver con lo trascendente, hay ciertamente un vacío inconcebible entre Dios y la posibilidad de comprenderlo totalmente, por lo menos hasta que nos toque vivir en la tierra. La parte fundamental de nuestra orientación hacia Dios está a cargo de la fe. (…).
¡Voy al punto! Me impacta mucho, aunque se verifiquen raramente, cuando nacen niños con terribles malformaciones y fuera de toda lógica que nos induce a pensar que todas las dinámicas de la naturaleza deberían estar incluidas ad eterno según un orden establecido por Dios. La ocasión para nuevas reflexiones me la ha ofrecido una noticia de estos días, de un parto gemelar de los así llamados parápagos dicefálicos acontecido en la India. La madre estaba convencida de que habrían nacido dos gemelos, en cambio vio la luz un único tronco con dos cabezas, dos corazones, tres brazos. Más o menos todos sabemos que existen malformaciones extremas, que aunque se dan raramente, desgraciadamente ocurren. Este es un evento que tal vez supera en términos trágicos toda la casuística antes mencionada. (…).
Podríamos decir, claro que sí, que hay un curso que sigue un orden fundamental que está en la base de todo el universo, desde la flor del campo, al árbol, al mundo animal, a los fenómenos físicos, químicos, y atmosféricos. Este orden, generalmente llamado Naturaleza se lo hace derivar del insondable Pensamiento del Padre de todos, por lo que cada cosa que existe tiene que tener una secuencia de procedimientos antes de ser, de existir, de participar de ese conjunto inmanente del que el hombre forma parte. (…).
¿Una tragedia existencial tan elevada, no parece contradecir ese amor infinito que en este caso origina una existencia fuente de sufrimiento extremo para quien nace y para quien acoge en su disponibilidad amorosa, es decir los padres? (…).
Para la resurrección de los cuerpos, cuando se dice que nos reconoceremos recíprocamente (…) ¿qué podría hipotetizar? Sería tal vez mejor no pensar nada y dejar todo de lado, junto a tantas otras cuestiones, en el campo de lo humanamente indefinible como causa de Dios.
Gracias si habrá tenido la paciencia de leer. Cordialmente le saludo y prometo mis humildes oraciones.
Giovanni
Respuesta del sacerdote
Querido Giovanni,
1. la naturaleza originariamente proviene de Dios.
En el medio, sin embargo está el pecado original que contaminó el alma y también el cuerpo de nuestros progenitores.
Por ende nos fue transmitida una naturaleza afectada por el pecado, con la posibilidad de contraer enfermedades de origen genético y, afortunadamente rara, de malformaciones.
2. Es cierto que Dios crea el alma racional en el mismo instante de nuestra concepción. Pero la crea solicitado y condicionado por la voluntad de la pareja.
3. Dando libertad al hombre, en cierto modo Dios se ha atado.
Esto es así, no sólo en relación a la concepción de niños con malformaciones, sino por toda acción cumplida por cualquier ser vivo.
4. Nadie podría pasar de la potencia al acto sino en virtud de aquel que es el Acto, es más, Acto puro.
Si las criaturas pudieran pasar por su propia virtud de la potencia al acto, significaría que el acto está en ellos.
En otras palabras querría decir que son dueñas de la propia existencia y serían capaces de conservarla siempre y en todo momento. En otras palabras serían como Dios. Pero de hecho no es así. Está bajo la mirada de todos que nadie es dueño de su propia existencia.
5. Regresando al asunto de los niños mal concebidos, nos podemos preguntar por qué de hecho esto ocurre.
Nuestra respuesta es: sabemos que puede ocurrir, pero no sabemos por qué ocurre.
6. ¿Por qué Dios lo permite?
Podemos hallar una respuesta en las palabras de Jesús cuando ante un ciego de nacimiento sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios» (Jn 9, 2-3).
En el caso del ciego de nacimiento las obras de Dios bien pronto se volvieron evidentes con el milagro de la instantánea curación que demostraba la divinidad de Cristo, con la consiguiente necesidad de volverse a él para ser salvados.
7. Pero en la gran mayoría de los casos, las obras de Dios no podemos verlas. Más aún, vemos la persistencia de la permisión del mal.
Sin embargo sabemos que hay una voluntad de bien por parte de Dios.
Para comprenderla, junto con la conciencia de que nacer sanos no es un derecho, sino un don inmerecido, hay que esperar alcanzar el más allá.
Dios dijo: «Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes» (Is 55,8-9).
8. Con la resurrección de los cuerpos desaparecerá toda deformidad. Cada uno de los salvados tendrá un cuerpo glorioso en su perfecta identidad.
Entonces todos comprenderán los designios de Dios y estarán concordes con esa voz que San Juan oyó en el altar y que decía: «Sí, Señor, Dios todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos» (Ap 16,7).
Te agradezco mucho por tus oraciones, a mi vez te aseguro las mías.
Deseándote todo bien te bendigo.
Padre Angelo
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