Un chico de 15 años envió un extensísimo mail.
Paulatinamente voy a comentar algunas expresiones suyas.
Sigue a continuación la primera.

Respuesta del sacerdote

Querido Bryan, 

1. rispondo… por partes a tu hermoso mail. Algunas respuestas serán privadas puesto que son muy personales.
Comienzo con la primera: “Soy un chico de 15 años y busco al Señor todos los días. La verdad es que ni yo sé cómo fue que me robó el corazón, sé tan solo que no podría imaginarme una vida sin él, ahora que lo he encontrado”.

2. Sí, Dios está en el origen de todo. Está al comienzo de nuestro ser, y también de nuestro pensar y de nuestro querer.
Está al comienzo de nuestro ser y esto es experiencia común: la existencia nos es dada en cada instante por Dios
Santo Tomás dice que los padres son el comienzo de nuestro devenir, pero Dios es el principio de nuestro ser.
San Pablo en el gran discurso ante los filósofos del areópago de Atenas dijo: “Él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas”(Hech 17, 25). 

3. Así como es al principio de nuestro ser, así también es el principio de nuestro pensar y de nuestro amar.
No podríamos pasar de la potencia al acto, si él no nos diera la fuerza.
Me dices que no sabes cómo ocurrió que te robara el corazón. Lo ha hecho porque así como te lo dio, lo ha orientado hacia él.
Lo vuelve a sí actuando en el corazón de todos, porque todos lo buscan aún sin darse cuenta.
He aquí como: todos en efecto buscan lo que es bueno para ellos.
Pero, a diferencia de los animales que instintivamente se dirigen a lo que es bueno para ellos, el hombre lo busca racionalmente. Es decir examinando lo que tiene por delante por lo que tiene y por lo que no tiene. Luego elige en ese momento lo que le parece más importante a la luz del bien que no tiene límites.
Este bien sin límite alguno es Dios.
Este es el razonamiento que siguen Aristóteles como Tomás, que son respectivamente lo sumo en el ámbito de la filosofía y de la teología.

4. Sin embargo en ti por cierto ha habido una gracia especial, porque mientras todos buscan a Dios solo sin percatarse, y tal vez hasta renegando de él, tú en cambio lo conoces, tienes conciencia y te interrogas como haya podido suceder.
No existe ninguna explicación racional porque se trata de una gracia, y por lo tanto de una acción sobrenatural y antecedente de Dios en tu alma.

5. Se trata de algo análogo a lo que le pasó a Paul Claudel en su conversión.
Se había dirigido para las vísperas a Notre Dame de París, con el objeto de encontrar algún motivo al cual aferrarse para burlarse de la religión y luego escribir en el diario. En efecto era un aprendiz de periodismo.
En cuanto a motivos, no encontró ni uno. En cambio al escuchar el Magnificat entonado por los Pueri Cantores, se descubrió creyente.
Fue en busca de todas las opciones posibles e imaginables contra la religión. Pero nada pudo mellar esta gracia que había irrumpido en su vida.
Lo mismo ocurrió con André Frossard, que se descubrió creyente ni bien entró en una iglesia para buscar a un amigo que había entrado y no salía más.
Experimentó atracción por la fe en Cristo. Sus padres convocaron a un psicólogo para que indagara acerca de la enfermedad que afligía a su hijo.
Pero éste le dijo que su hijo estaba sano y que lo que ellos llamaban enfermedad los cristianos lo llaman gracia.

6. Justamente en estos días casualmente pude releer en la Historia de un Alma de Santa Teresa del Niño Jesús una gracia parecida a la tuya.
Era la noche de Navidad de 1887. Los primeros días de enero habría cumplido 15 años.
He aquí lo que escribe: “Aquella noche de luz comenzó el tercer período de mi vida, el más hermoso de todos, el más lleno de gracias del cielo…
La obra que yo no había podido realizar en diez años Jesús la consumó en un instante, conformándose con mi buena voluntad, que nunca me había faltado.
Yo podía decirle, igual que los apóstoles: «Señor, me he pasado la noche bregando, y no he cogido nada». Y más misericordioso todavía conmigo que con los apóstoles, Jesús mismo cogió la red, la echó y la sacó repleta de peces… Hizo de mí un pescador de almas, y sentí un gran deseo de trabajar por la conversión de los pecadores, deseo que no había sentido antes con tanta intensidad… Sentí, en una palabra, que entraba en mi corazón la caridad, sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, y desde entonces fui feliz! (Historia de un alma 134)

7. Ahora dices que no sabrías vivir sin él.
Así es, como en la tierra no podría surgir ninguna forma de vida sin la luz y el calor del sol, lo mismo es para ti en relación con Dios. Él es tu punto de partida, tu objetivo y tu punto de referencia.

Para que crezcas siempre más en Él que es tu todo, te bendigo y recuerdo con mucho gusto en la oración.

Padre Angelo

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