Querido Padre Angelo,
Quisiera comprender la diferencia entre el Edén de los progenitores, donde era posible pecar, y el Paraíso, donde ya no debería ser posible pecar. Parecen lugares similares, sin embargo debe haber una diferencia.
¿No existe en ambos la misma cercanía a Dios?
¿Tenían los padres la misma relación con Dios que habrá en el Paraíso?
¿Cómo no vamos a volver a pecar, incluso en el cielo, dada nuestra debilidad?
Si no es el conocimiento y la relación con Dios lo que impidió a los progenitores equivocarse, ¿es acaso el ser sus hijos en Cristo, su encarnación, su entrega de la vida por nosotros lo que nos conservará en gracia por gracia?
Gracias por su tiempo y cariño con el que nos guía.
Francesca
Respuesta del sacerdote
Querida Francesca,
1. El primero era un paraíso terrenal. El segundo es un paraíso celestial.
El primero se vivía en el tiempo. El segundo en la eternidad.
2. En el primero se conocía a Dios por la fe, aunque fuera con claridad. En el segundo ya no había fe, sino una visión clara de Dios.
En el primero existía el peligro de abusar de la propia libertad, como desgraciadamente sucedió con el pecado original. En el segundo no habrá tal posibilidad en absoluto porque estaremos fuera del tiempo, en la eternidad.
3. El primero era el tiempo del mérito. El segundo es el tiempo de la recompensa.
En el primero el hombre todavía estaba sujeto a muchas necesidades. En el segundo toda necesidad será plenamente satisfecha.
4. En el primero la felicidad del hombre era imperfecta, porque la posesión de Dios no era plena, sino que era todavía por la fe. De ahí que el hombre estuviera en un estado de perfección.
En la segunda, la felicidad será perfecta; no será posible ningún perfeccionamiento adicional.
5. En la primera todavía existía la posibilidad de pecar, porque se estaba en el tiempo. En el segundo no habrá nada más, porque estaremos desde el tiempo, en la eternidad.
En el primero el hombre era amigo de Dios. En el segundo será uno con Dios, aunque permanecerá la distinción entre criatura y Creador.
6. En el primero, el hombre disponía de todos los bienes de la tierra. En la segunda, el hombre tendrá a su disposición todos los bienes del Cielo, incluso todos los bienes de Dios.
En el primero aún podrá ser vencido por Satanás. En el segundo, ya no. En efecto, Satanás estará bajo sus pies.
7. En el primero podría gozar de la familiaridad con los hombres que estarían todos en estado de gracia.
En el segundo, además de estar familiarizado también con los ángeles, goza de perfecta amistad con Jesucristo, que es Dios hecho hombre, y con la bienaventurada Virgen María, cuya santidad es superior a la de todos los ángeles y santos.
8. Todas las realidades del paraíso podemos ya pregustarlas en la fe viviendo en gracia de Dios.
Con el deseo de saborearlas en un crescendo continuo, os bendigo y os recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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