Buenos días Padre Angelo,
quiero hacerle una pregunta acerca de algo que estoy viviendo: me encuentro en un periodo de mi vida en el que sufro bastante por el hecho de que una chica no me ha correspondido.
Lo he aceptado, y por cierto no me obsesiono por ello, pero en mi oración, rezo también por ella, para que alcance la salvación y nos encontremos en el paraíso.
Mi pregunta es: cuando nos encontraremos en el paraíso, ¿ella sabrá cuánto la había querido cada día, puesto que la he encomendado constantemente al Señor?
Y tal vez, ¿acogerá con alegría y gratitud, las oraciones y las súplicas que presenté al Señor confiándosela, a veces en las lágrimas, por no haber sido correspondido?
Bien sé que en el Paraíso “no habrá ni esposas ni esposos, porque serán como ángeles del cielo” como dijo el Señor. Pero, ¡cuánto quisiera que supiese cuánto la he amado!
Espero que por lo menos en el Señor lo entienda, y quede conmovida, bien sabiendo que mi amor ni puede ser mínimamente comparable al del Señor, esto está claro… pero tal vez lo apreciará y podrá gozar de ello de todos modos… en fin que de alguna manera, este amor no correspondido, en el paraíso encuentre su realización, esta es de algún modo mi esperanza (obviamente teniendo presente cuanto dicho antes, “no habrá ni esposo ni esposa)…De antemano gracias por su respuesta:
Una oración recíproca y mucho éxito en su actividad
Respuesta del sacerdote
Muy querido,
1. tú presupones “cuando nos encontraremos en el paraíso…”.
Deseo que tanto tú como la joven que has amado y por la que has rezado sean salvados.
Te aseguro por ello mi oración.
2. Si la chica que has amado alcanzará el paraíso, seguramente verá la eficacia de tu oración y te será grata.
Será una razón más para amarte en Cristo, porque verá que su bienaventuranza eterna habrá sido ganada también por el amor que le has tenido, por las muchas oraciones hechas por ella y por las lágrimas que has derramado.
3. Al mismo tiempo verás que este amor no correspondido, habrá sido providencial para ti.
A veces el Señor no nos concede el bien que queremos porque éste no habría favorecido nuestra santificación.
En este sentido es que San Agustín dice: “Quien con fe ora por las necesidades de la vida presente, con la misma misericordia puede ser o no ser escuchado. Porque el médico sabe mejor que el enfermo lo que a éste le hace bien. Por eso San Pablo no fue escuchado cuando pidió que fuera liberado del estímulo de la carne, justamente porque no era conveniente” (Sent. Prosp., 213).
4. Podrás ver que en virtud de esta oración constante, reforzada por los sacrificios para obtener el bien deseado y acompañada por el ejercicio de muchas virtudes, te habrá conseguido un bien inmenso.
Escribe Santo Tomás: “Y es que, a veces, acontece que la oración a favor de otro, aunque se haga piadosa y perseverantemente, y se pidan bienes conducentes a la salvación, no los impetra porque hay algún impedimento por parte de la persona por quien se ora, según aquello de Jer 15,1: Aunque se me pongan delante Moisés y Samuel, mi alma no está de parte de ese pueblo.
Con eso y con todo, la oración será meritoria para el que ora por caridad, según aquello del salmo 34,13: Mi oración se volverá a mí en mi seno, esto es, dice la Glosa interlineal: Aunque a ellos no les aprovechó, yo no quedé sin recompensa” (Suma teológica, II-II, 83, 7, ad 2).
5. Así es que en todo caso verás que todo habrá sido para un bien mayor, según las palabras que el Espíritu Santo inspiró a San Pablo: “Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio” (Rm 8, 28).
Nada se pierde y nada queda sin mérito de cuanto hayamos hecho estando en gracia de Dios.
Te deseo que prosigas en serenidad y en la alegría de la pascua, te bendigo y recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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