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Reverendo Padre,

El domingo pasado escuché el Evangelio que hablaba del bautismo de Jesús. Debo admitir que tengo cierta confusión sobre el tema, comparando los cuatro Evangelios. ¿Por qué Juan el Bautista envía a sus discípulos desde la cárcel a preguntar a Jesús si es verdaderamente el Mesías? Había dicho: «He aquí el Cordero de Dios», había visto el Espíritu Santo sobre él, había protestado porque no era Jesús quien debía ser bautizado por él, sino lo contrario.

También quería preguntar: ¿por qué en Jn 1,31 se dice que Juan no conocía a Jesús? Además, ¿no eran primos? ¿En qué consiste la grandeza de Juan el Bautista?

Gracias por su atención

Donatella


Querida Donatella,

1.A continuación tienes el comentario de san Juan Crisóstomo, uno de los 4 grandes Padres de la Iglesia oriental.

Dicho comentario fue muy apreciado por san Tomás.

Como tú misma decías, claramente san Juan conocía a Jesús.

Independientemente de que fueran primos (habían tenido dos caminos totalmente diferentes hasta aquel momento), Juan había sido avisado desde arriba sobre la identidad de Cristo.

Él mismo dice: «Yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas el Espíritu descender y posarse sobre Él, este es el que bautiza con el Espíritu Santo» (Jn 1,33).

2.Pero mira lo que dijo Crisóstomo:

«Él lo conoció antes de que hiciera milagros. Lo había aprendido del Espíritu, lo había escuchado del Padre.

Él, que lo había proclamado en frente de todos, ¿por qué ahora por su cuenta envía a preguntar si era él el Cristo o no?».

Dirigiéndose al Bautista, Crisóstomo pregunta: «No decías tú: No soy digno de desatar la correa de sus sandalias? No decías tú: Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo? ¿No has visto el Espíritu en forma de paloma? No has escuchado aquella voz?

No has intentado de obstaculizarlo diciendo: Yo tendría que ser bautizado por ti?

No decías a los discípulos: Él ha de ir aumentando en importancia, y yo, disminuyendo?

No enseñabas a todo el pueblo que él les había bautizado en Espíritu Santo y fuego y que es él el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo?

No habías proclamado todo eso antes de los milagros y prodigios?

¿Por qué, entonces, ahora que se ha manifestado a todos, que su fama se ha extendido por todas partes, que los muertos han sido resucitados, que los demonios han sido expulsados y que se han producido pruebas de milagros tan grandes, envías por tu cuenta a preguntar? ¿Qué ha pasado? ¿Todas aquellas palabras eran un engaño, una farsa, cuentos de hadas?

Pero, ¿qué persona sensata podría decir eso? No hablo de Juan, que empezó a dar saltos de alegría en el vientre de su madre, que lo proclamó antes que naciese, que era ciudadano del desierto, que mostraba un sistema de vida angelical; pero ni uno de la muchedumbre, entre los muy despreciados, podría dudar después de tantos testimonios, tanto de él como de otros».

3.Y sigue: «De esto parece evidente que ni él (el Bautista) envió a los discípulos porque dudara, ni preguntó esa pregunta porque no sabía.

Tampoco puede decirse que lo supiera claramente, sino que se había vuelto más temeroso a causa de la cárcel; no se esperaba ser liberado ni, si se lo hubiera esperado, habría traicionado su piedad religiosa, él que estaba dispuesto a morir. Si no hubiera estado preparado para ello, no habría mostrado tanto valor frente a todo el pueblo, que se había comprometido a derramar la sangre de los profetas, ni habría contestado, con tanta franqueza, a aquel cruel tirano en medio de la ciudad y de la plaza, reprovechándolo duramente como a un niño pequeño, mientras todos lo escuchaban.

Y si se había vuelto más temeroso, ¿por qué no se avergonzaba de los discípulos, ante los que había dado un testimonio tan grande, sino que dirigió su pregunta a través de ellos, cuando debería haberlo hecho a través de otros?

Sin duda sabía claramente que le tenían envidia y que deseaban tener un apoyo en él. […]

Cuál fue su intención, entonces?

Está claro, según lo que se ha dicho, que poner en tela de juicio estas cosas no tenía nada que ver con Juan, ni con cualquier otra persona, por tonta e insensata que fuera. Ahora hay que aducir la solución de la cuestión.

¿Por qué los mandó a interrogar?

Los discípulos de Juan se oponían a Jesús; esto es evidente para todos, y siempre le tuvieron envidia. Se desprende de lo que decían a su maestro: Él que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza y todos vienen a él; Y también: Hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Y se le acercaron diciendo: ¿Cómo es que nosotros y los fariseos ayunamos, pero no así tus discípulos?

4.Aún no sabían quién era Cristo, pero imaginando que Jesús fuera un simple hombre y Juan más que un hombre, estaban angustiados de ver que el primero gozaba de una gran reputación, mientras que al otro le faltaba. Esto les impedía acercarse a Cristo, a causa de la envidia.

Mientras Juan estaba con ellos, les exhorta continuamente, y aun así no les persuadió; pero ya que estaba a punto de morir, aumentaba sus esfuerzos porque temía que pudiera dar lugar a una opinión perversa y que ellos permanecieran separados de Cristo.

Desde el principio se esforzaba de conducir hasta él todos los discípulos, pero al no lograr persuadirlos y a punto de morir aumenta su esfuerzo.

Si hubiera dicho: “Id a él, él es mejor que yo” no les habría persuadido porque no se habrían separado de él tan fácilmente, habrían pensado que su forma de hablar era dictada por la modestia y se habrían apegado a él aun más. Por otra parte, si hubiese guardado silencio, no habría obtenido ninguna ventaja.

¿Qué hacer entonces? Espera a que le digan que obraba maravillas y ni en esta ocasión les dirige exhortaciones, ni les envía a todos, sino a dos que quizá sabía que eran más dóciles que los otros, para que la pregunta no resultase sospechosa, para que aprendiesen de los hechos la diferencia entre Jesús y él, y dice: “Id y preguntad: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?».

5.Cristo, conociendo la intención de Juan, no dijo: Soy yo, porque eso habría molestado de nuevo a sus oyentes, aunque era lógico decirlo, sino deja que lo aprendan de los hechos. Dice que, cuando se le acercaron, curó a muchos.

¿Qué relación había entre el hecho de no contestar a la pregunta: ¿Eres tú? y el hecho de haber curado de forma inmediata a los que estaban enfermos, si no hubiera querido indicar lo que he dicho?

De hecho, consideraban que el testimonio procedente de los hechos era más plausible y menos sospechoso que el procedente de las palabras.

Sabiendo, pues, ya que era Dios, la intención con la que Juan les había invitado, curó enseguida a ciegos, tullidos y muchos más, no para enseñarle a él (y ¿cómo lo iba a hacer, ya que estaba convencido de ello?), sino para enseñarlo a todos los que dudaban, y después de curarlos dice: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio, y añade: y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí, demostrando de esa forma que conoce los secretos de sus almas.

Si hubiera dicho: Soy yo, esto les habría escandalizado, como he dicho antes, y habrían pensado, incluso sin llegar a decirlo, lo que le dijeron los judíos: Tú das testimonio acerca de ti mismo.

Por lo tanto no se exprime en estos términos, sino que deja que ellos aprendan todo de sus prodigios, haciendo que su enseñanza no sea sospechosa y sea más clara (Homilía 36,1-2).

Muchas gracias por la oportunidad de mencionar las palabras de Crisóstomo para subrayar lo profundo y persuasivo que es el análisis de los Santos Padres sobre las Sagradas Escrituras.

Te deseo lo mejor, rezo por ti el Señor y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por Francesca Vannoni