Querido Padre Angelo,
le escribo al día siguiente de haber visto un desconcertante número del “cantante” Achille Lauro en el festival de San Remo.
Después de haber cantado su pieza, dejando de lado su exhibición por cierto, de mal gusto, levantó una pequeña cuenca de metal llena de agua, de la que extrajo una vasija conquiforme y se “bautizó” a sí mismo. O sea imitó los gestos del bautismo, con los instrumentos que le son propios, cumpliéndolos sobre sí mismo.
Personalmente me quedé disgustado. Decir escandalizado sería demasiado, porque según el sentido literal del término no he tenido dudas acerca de la calidad moral del gesto. Sin embargo no me cabe duda que para algún otro haya podido ser escandaloso, y generar legítimas dudas.
Al día siguiente el Obispo de Ventimiglia y San Remo dio un comunicado con el que me hallo en sintonía.
Sin embargo, dada la necesaria brevedad del mismo, pienso que sería bueno explicar si cumplir ese acto de bautizarse a sí mismos es sacrílego y perjudicial.
Honestamente digo: no lo sé.
Sé que fue una exhibición de mal gusto, irrespetuosa y ruin.
¿Puede generar un daño de otro tipo, además de ofender la moral religiosa?
Le encargo una reflexión fundada en los textos, clara y resolutiva como a las que ha acostumbrado a los lectores de este sitio.
Con cariño y aprecio.
Filippo


Respuesta del sacerdote

Querido Filippo, 
1. los sacramentos son signos sagrados.
Los signos en cuanto tales son de por sí elocuentes.
Tu pregunta hace referencia al hecho de si es necesaria la presencia de un ministro. ¿Es necesario ser bautizados por otro?

2. Comencemos por lo que dijo el Autor de este sacramento, Jesucristo: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado» (Mt 28,19-20).
“Bautizándolos” significa “sumergiéndolos”. ¿En qué? En la comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Tratándose de una comunión sobrenatural, nadie puede entrar por sí mismo.
Puede solamente ser introducido por Dios, del cual el ministro, por voluntad divina, es el representante.

3. Jesús no dijo: “Cada uno se bautice a sí mismo”. Sino: “Vayan y bauticen”.
Este ser sumergidos ocurre solo por su voluntad.
Todavía se hace más patente cuando se considera que el bautismo comunica la gracia santificante, que es participar de la naturaleza y de la vida de Dios.
Es un don sobrenatural que supera las capacidades naturales del hombre.
Justamente porque es sobrenatural, nadie puede dárselo a sí mismo, sino que lo recibe.

4. Hay que recordar además, que el celebrante principal del bautismo, como por otro lado ocurre con cualquier otro sacramento, es Jesucristo.
En la celebración del sacramento del bautismo, Jesucristo hace salir de sí mismo una virtud sobrenatural, la hace fluir a través del ministro que él mismo escogió, la hace pasar a través de las palabras que éste pronuncia y por fin también a través del agua. Y tocando la cabeza del que es bautizado, se la comunica convirtiéndolo por gracia, por adopción, en hijo de Dios.
La virtud que Jesucristo hace salir de él y que convierte al hombre en hijo de Dios es ese “germen de vida divina”, del cual habla San Juan en 1Jn 3, 9.

5. El bautismo genera hijos de Dios.
Es el sacramento de la regeneración cristiana.
Así como nadie puede darse por sí mismo la vida, sino que la recibe de un padre y de una madre, así en la vida sobrenatural de la gracia somos generados por Dios en comunión con la Santa Madre Iglesia.
Con el bautismo nos convertimos simultáneamente en hijos de Dios e hijos de la Iglesia.

6. Es así, como con este sacramento entramos a formar parte de la familia de Dios, se adquieren nuevos hermanos y hermanas en la fe, entre los que hay una comunión sobrenatural de gracia.
Estos hermanos y hermanas no son solo los que vemos en este mundo, sino también los que viven en el cielo. Por eso con el bautismo nos convertimos en “conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (Ef 2, 19).

7. Bautizarse por sí mismos, además de ser un rito inútil que no comunica nada, es lo mismo que afirmar que los demás no tienen nada que ver.
Sería el más perfecto individualismo, todo lo opuesto a la enseñanza evangélica y de la vida cristiana que consiste esencialmente en la caridad, en la comunión.
Es por eso que el bautismo hay que recibirlo y nadie puede dárselo a sí mismo.

Te agradezco por esta pregunta que solicita que tengamos más conciencia de lo que hemos recibido.
Te deseo todo bien, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo

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