Querido Padre Angelo,
Le escribo para recibir un comentario sobre una carta de Pedro que me ha dejado turbado.
Soportar con paciencia el sufrimiento porque para esto hemos sido llamados.
¿Y entonces es esto que nos pide Dios? ¿Sufrir con resignación?
¿Y si así fuera, el objeto de todas nuestras oraciones para pedir el fin de nuestros padecimientos están viciadas en su origen?
A la espera de su respuesta rezo por usted y por los lectores de su apreciada sección.
Gracias
Giovanni
Respuesta del sacerdote
Querido Giovanni,
1. Las palabras de San Pedro que has citado se encuentran en una exhortación dirigida a los criados y les recuerda que a veces sucede que sufrimos injustamente.
Se recuerda primero que Jesucristo también sufrió injustamente.
Pero al igual que Jesucristo, quien sufriendo injustamente, hizo de este sufrimiento un sacrificio de expiación llevando nuestros pecados en su cuerpo para que, en virtud de los méritos de sus llagas, fuéramos todos sanados, así estamos llamados a hacerlo nosotros también.
2. ¿Hay que asombrarse de esto si hemos sido injertados en Cristo como sarmientos a la vid?
San Pedro hasta dice que sufrir con paciencia para cooperar a la redención de Jesucristo es una gracia, es algo agradable a Dios y digno de alabanza.
3.San Pablo expresará el mismo concepto aportando su propio testimonio: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios”(Col 1,24-25).
4. ¿Qué gracia más grande que la de cooperar con Jesucristo para la redención, la conversión y la salvación eterna de muchos?
5. Quizás hubieras dicho: no, hay que reaccionar, tenemos que hacer valer nuestros derechos, es injusto ser maltratados, tenemos que ser respetados…
Eso es cierto, sin dudas. Es indiscutible.
Pero no hay que olvidar que en aquellos tiempos los esclavos, a quienes San Pedro llamaba con el término más digno de “criados”o “servidores domésticos” no tenían ningún derecho. Y que los amos no mantenían con ellos una relación de estricta justicia. (cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco V,10.8). Eran su propiedad, a veces comprados. Y sobre ellos ejercían el derecho de usar, de disfrutar y de abusar (ius utendi fruendi et abutendi) como si fueran cosas.
6. En la absoluta imposibilidad de reaccionar y de reclamar sus propios derechos (los esclavos mismos sabían que no tenían ninguno) San Pedro les señala una vocación, que ellos mismos – como todos los bautizados – recibieron de Dios y es la de cooperar espiritualmente a la conversión de muchos.
7. Por supuesto, sus méritos no añaden nada a la redención realizada por Cristo que tiene un valor eterno e infinito.
Pero en la línea de distribución de los efectos de la redención y de la comunicación de la salvación realizada por Cristo, ellos, en virtud de la caridad, pueden alcanzar a muchos y ponerlos en contacto de manera secreta y escondida (misteriosamente) con Cristo, llevándolos en sus almas.
Con el deseo de que puedas formar parte de esta gran realidad que, por lo demás, nos prepara una herencia muy grande en los cielos, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
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