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Pregunta

Buenas tardes Padre Angelo,

¿Por qué se renueva el sacrificio de Cristo durante la Santa Misa?

¿Tiene esto una base bíblica?

En la carta a los Hebreos se dice que Cristo se sacrificó de una vez por todas.

Padre, ¿Podría explicarmelo?

Gracias, espero ansiosamente esta respuesta porque cuando los protestantes me preguntan no sé qué responder.

Respuesta del sacerdote

Querido,

1. El sacrificio de Cristo se celebró una vez por todas y tiene valor eterno.

San Pablo lo recuerda muy claramente cuando escribe: “Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive” (Rm 6:10).

La carta a los Hebreos insiste mucho en este concepto: “Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer sacrificios primero por sus pecados, y luego por los del pueblo, porque esto lo hizo una vez ofreciéndose a sí mismo” (Eb 7:27);

«Entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de Su propia sangre, obteniendo redención eterna.” (Eb 9:12);

“Más ahora una vez en la consumación de los siglos, para deshacer el pecado se presentó por el sacrificio de sí mismo” (Heb 9:26);

“Así también Cristo ha sido ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos. Después aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan” (Eb. 9:28).

2. Por lo tanto, no es correcto decir que en la Misa se renueva el sacrificio de Cristo.

Santo Tomás utiliza una expresión más adecuada y dice que en la Misa se hace presente en el altar el sacrificio que Cristo hizo en la cruz y que actualmente ofrece en el cielo.

Por eso San Leonardo de Porto Maurizio observa con razón que la Misa no es una copia del sacrificio de Cristo, sino el original.

3. Se hace presente en el altar porque así lo ordenó Cristo: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).

Cristo no manda repetir el sacrificio, sino repetir aquellos gestos y palabras que hacen presente en el altar su sacrificio, celebrado de una vez por todas.

Ordena repetir todo esto «hasta que venga»  (1 Cor 11:26), es decir, hasta el fin del mundo.

4. Lo ordena para que los cristianos que se reúnen en su nombre no sólo lo ofrezcan al Padre junto con Él en un espíritu de adoración, acción de gracias, expiación y súplica, sino también para que se alimenten de Él y se transformen en Él en una sola ofrenda.

5. El Catecismo de la Iglesia Católica escribe: «La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque re – presenta (hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y porque aplica su fruto» (CIC 1366).

Y cita un texto del Concilio Tridentino: «Cristo, nuestro Dios y Señor, que se inmoló ante Dios Padre una sola vez muriendo en el altar de la cruz para realizar una redención eterna, ya que, sin embargo, su sacerdocio no debía extinguirse con la muerte (Heb 7,24; Heb. 7:27), en la última Cena, en la noche en que fue traicionado (1 Cor. 11:23) quiso dejar a la Iglesia, su amada Esposa, un sacrificio visible (como exige la naturaleza humana), por el que se significara el sacrificio cruento que ofrecería de una vez por todas en la cruz, prolongando su memoria hasta el fin del mundo (1 Cor. 11:23), y aplicando su eficacia salvadora a la remisión de nuestros pecados cotidianos» (CIC 1366).

6. A veces se oye decir que la Misa es una renovación del sacrificio de la cruz. Pero la expresión es impropia, de hecho no es correcta.

Y da pie a que los protestantes no preparados (porque los que están preparados saben bien lo que dice la Iglesia católica) afirmen que según los católicos la misa es la renovación del sacrificio de la cruz.

Mientras que la Iglesia católica enseña que, por mandato de Cristo, repetimos los gestos y las palabras que hacen presente entre nosotros su único sacrificio eterno para aplicar sus frutos de forma más sensible a nosotros.

Con la esperanza de que sus interlocutores protestantes comprendan por fin y disfruten de los beneficios de lo que el Señor nos ha mandado hacer, le deseo lo mejor, le recuerdo al Señor y le bendigo.

Padre Angelo


Traducido por Letizia De Carlonis