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Pregunta

Querido Padre Angelo,

Le expongo un micro resumen de mi vida, con algunos acontecimientos de los cuales le pongo algunas preguntas.

Yo, y todos mis antepasados, somos católicos.

No conozco a ninguno de mis antepasados que se cuente entre los ladrones, violentos o incluso peor… asesinos.

Tengo 41 años, no tengo hijos, no estoy casado ni comprometido.

He luchado durante décadas por tener un trabajo estable y desde junio (gracias a Dios) el trabajo estable ha llegado.

Siempre he tenido una dualidad en mí: por un lado, el deseo de tener una novia/esposa con la que formar una familia con muchos hijos, y por otro lado un interés (a veces fuerte) por ser sacerdote.

En el plano espiritual, desde los 14 años (ahora tengo 41) lucho periódicamente y pierdo perennemente hacia el respeto de los mandamientos sexto y noveno: esencialmente los he roto por mi cuenta con la masturbación, pero a veces también ha ocurrido con mujeres solteras (contra el pago de dinero).

Abatido por esta debilidad mía que me hizo caer, siempre he buscado la salvación reparadora a través del sacramento de la confesión.

En 2005 me operaron en el cerebro por un Meningioma en el lado izquierdo (tumor benigno) descubierto por pura casualidad…después de los controles todo fue bien hasta el año pasado.

En 2019 en la resonancia de control me descubrieron un nuevo tumor cerebral, esta vez en el lado derecho. La cirugía fue bien, pero esta vez el examen histológico no detectó un tumor benigno sino maligno: además uno de los más bastos y duros.

Positivo el hecho de que la operación haya salido bien y que (ruego y espero) “probablemente” se haya cogido a tiempo: ahora me estoy sometiendo a quimioterapia y radioterapia.

Supremo abatimiento y supremo desaliento: he pedido numerosas oraciones de curación en muchos santuarios (algunos lugares de santos famosos). 

PREGUNTAS:

1) ¿Podría ser que Dios haya permitido esto para “castigarme” por no haber sido nunca capaz de vivir en pureza hacia el sexto y noveno mandamiento? 

2) ¿O es posible que Dios lo haya permitido porque siempre me ha llamado/aconsejado ser Sacerdote y yo siempre he vuelto la cara por indecisión o miedo?

Quiero curarme y no morir: además soy hijo único y mis padres (a los que quiero mucho) sólo me tienen a mí.

En mis oraciones también he hecho una promesa solemne a Dios de que me haría sacerdote católico, si nos conceda, a mí y a mis padres, “una vida terrenal muy larga con salud de cuerpo y mente combinada con la curación completa y total de cualquier tipo de enfermedad de cuerpo y mente” para que podamos vivir juntos en la tierra durante mucho tiempo en la salud….

Obviamente esta gracia/milagro incluye y comprende mi completa y total curación de esta enfermedad.

PREGUNTA:
3) Si Dios me concediera esta gran gracia/milagro y yo entendiera que me inclino/atraigo más a la vida familiar y no a la vida sacerdotal y por lo tanto…. no me hiciera Sacerdote… ¿Dios me castigaría duramente o (peor aún como castigo) me revocaría la gracia concedida?

Padre Angelo quiero curarme y tengo miedo.

Deme Usted un consejo.

Gracias.


 Respuesta del sacerdote

Querido,
1. Lamento lo que te ha ocurrido, sobre todo en referencia a la segunda intervención.

Espero que con la ayuda de Dios y por la intercesión de la Virgen todo salga bien, que te sanes perfectamente y que puedas reanudar serenamente tu vida para ponerla al servicio de Dios en cualquier dirección en la que Él te llame.

2. Con respecto a tus preguntas precisas, me pides “¿si Dios permitió esto para “castigarme” por no haber podido vivir en pureza hacia el sexto y noveno mandamiento?”
Nadie, a no ser que esté dotado del espíritu de profecía, puede responder adecuadamente a esta pregunta, porque todo esto podría haberte ocurrido independientemente de tus pecados.

En cualquier caso, sin embargo, el Señor puede haber permitido esta enfermedad para que tengas la oportunidad de reparar tus pecados yendo más allá del sacramento de la confesión.

De hecho, con estos pecados no sólo te has herido a ti mismo, sino que has empobrecido a la Iglesia de la que eres un hijo amado.

Pues bien, particularmente unidos a Cristo, donde antes abundaba el pecado, ahora puede abundar la gracia.

3. “Por otro lado, ¿es posible que Dios lo haya permitido porque siempre me ha llamado/aconsejado ser sacerdote y yo siempre he apartado la mirada por indecisión o por miedo?”

Incluso a esta pregunta es imposible dar una respuesta porque el mal podría haber llegado de todos modos.

Además, dices que el Señor te llamó o te aconsejó que te hicieras sacerdote, pero siempre le diste la espalda.

Pues bien, sentir una llamada o un consejo no es lo mismo que constatar una verdadera vocación.

La vocación necesita discernimiento y el discernimiento nunca se puede realizar solo además porque puede ocurrir que a pesar del deseo subjetivo se diga por parte de la Iglesia que no es una verdadera llamada.

4. Haces bien en pedir al Señor una curación perfecta.

Incluso los enfermos en los tiempos de Jesús acudían a Él para pedirle su curación. Y el Señor escuchaba sus oraciones. Tú añades: si estoy perfectamente curado, me haré sacerdote católico.

Pues bien, también aquí puedes corregir tu promesa; en lugar de decir me haré sacerdote católico puedes prometer que te comprometerás con un verdadero discernimiento vocacional y en caso de respuesta favorable te pondrás inmediatamente en marcha.

5. Por último, preguntas: “Si Dios me concediera esta gran gracia/milagro y yo entendiera que me inclino/atraigo más a la vida familiar y no a la vida sacerdotal y por tanto… no me hiciera sacerdote… ¿me castigaría Dios duramente o (peor aún como castigo) revocaría la gracia concedida?”.

Según entendemos, una vez que estés perfectamente curado lo primero que debes hacer es un discernimiento vocacional, cuyo resultado no dependerá sólo de ti.

Te aconsejo que hagas este discernimiento con tu confesor y que, finalmente, te atengas a su palabra. Es necesario tener mucha confianza en la palabra del confesor, porque en ese lugar el sacerdote está particularmente iluminado por el Señor, como el mismo Señor aseguró una y otra vez a Santa Faustina Kowalska.

Si el confesor te dice: “No estás hecho para el sacerdocio, haz vida matrimonial”, así lo harás. Si te dice:” estás hecho para el sacerdocio”, te pondrás inmediatamente en camino.

Sin embargo, no te bases sólo en las inclinaciones: porque la inclinación a la vida matrimonial y familiar está ordinariamente presente en todos.

También existe ordinariamente en aquellos que son llamados al sacerdocio.

Al final se responde al Señor tomando un camino u otro

El Señor, como al joven rico, le dice “Si quieres”, no le obliga.

Tampoco está dispuesto a castigarnos si no elegimos según lo que nos parece su consejo.

En cualquier caso, Él siempre nos dará todas las gracias que necesitemos para seguir el camino que hemos elegido para ponernos a su servicio.

Te aseguro con placer mis oraciones.

Estoy convencido de que muchos lectores que lean tu historia te ayudarán para que siempre sientas la mano benévola del Señor al lado de tu vida y te puedas curar perfectamente.

Te deseo todo lo mejor, te abrazo y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por SusannaN