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Soy un lector habitual suyo y le agradezco por el gran trabajo realizado.

A estas alturas, sus respuestas son tantas que se puede encontrar fácilmente la respuesta a casi cualquier pregunta.

Le pido su opinión sobre este argumento: he leído que un sacerdote católico estadounidense ha declarado públicamente su homosexualidad. Pues bien, lo que no veo correcto es que precisamente un presbítero declare públicamente su orientación sexual tanto hetero como homo.

Sé que el presbítero hace una promesa y no un voto, pero me molesta.

¿Qué le respondería a mi párroco si dijera que le gustan las mujeres?

Mis mejores deseos de un felíz año nuevo con la bendición del Señor.

Ángel.


Querido Ángel,

1.¿qué propósito puede tener la declaración pública de homosexualidad por parte de un sacerdote?

En el mejor de los casos, se podría pensar que quiera decir a los padres: tengan cuidado de no enviar a sus hijos a la parroquia porque podrían descarriarse.

Pero si es así, es mejor que ese sacerdote se haga a un lado y pida a su obispo que sea exonerado de las obligaciones sacerdotales.

2. En el caso más común, podría significar: yo soy así, que se den a conocer los que son como yo.

Y ciertamente no le costaría encontrar amigos con inclinaciones afines. Vendrían de todas partes.

Pero, aquí también, ¿cómo podría un sacerdote así enseñar la castidad, el pudor, a evitar las ocasiones de peligro a los niños, a los jóvenes, a todos?

También en este caso, sería mejor que se hiciera a un lado.

3. O podría significar que es partidario de la cultura gay y que igualmente se puede ser muy buenos sacerdotes y grandes pastores aun siendo gay …

Sin embargo, no puedo dejar de observar por mi experiencia que tales sacerdotes también serán excelentes organizadores, pero no se ve ni un gramo de espíritu sobrenatural, como dirían los toscanos.

Generalmente estos sacerdotes ignoran que carecen de espíritu sobrenatural.

Sin embargo, la gente se da cuenta de que de su predicación, tal vez incluso refinada y culta, no obtienen ningún fruto. Siente que al final no dicen ni comunican nada.

4. Estos sacerdotes piensan que es normal ser así.

Y realmente existe el peligro de que algunos de ellos hayan entrado en el seminario y hayan elegido ser sacerdotes porque no tenían otras perspectivas.

5. Careciendo de espíritu sobrenatural, no pocas veces su predicación es enteramente en sentido horizontal, como si lo primordial de la Iglesia y de los sacerdotes ya no fuera la salus animarum (la salud o salvación de las almas).

Y, si hablaran de salus animarum, ésta ya no consistiría en proveer sobre todo a estar en la gracia de Dios, en gozar de corazón a corazón de la presencia personal de Dios, en eliminar todo pecado grave de la vida y en luchar por la unión con Dios en la santificación.

No. Esta salvación de las almas consistiría únicamente en asumir una actitud de bondad y aceptación hacia las personas en dificultad.

Y esto probablemente porque se han olvidado del estado de gracia.

6. Si alguno de sus hermanos en el sacerdocio habla de espíritu sobrenatural y también de espíritu de abnegación en la lógica enseñada por Jesús: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.»(Lc 9, 23) como mínimo lo tildan de cruel e inhumano.

Por otro lado, es así: cuando se pierde el espíritu sobrenatural y se vuelve completamente insensible a él, el sacrificio y la penitencia se vuelven incomprensibles. Parecen cosas inhumanas.

7. He repetido varias veces que en lugar de causar estragos, sería mejor que algunos sacerdotes se hicieran a un lado para no causar daño a los fieles (y en ocasiones estos daños pueden ser irreparables) y realizar acciones que tarde o temprano son descubiertas con escándalo de la gente y deshonra a la Iglesia.

Por esto, una Instrucción de la Congregación para la Educación Católica del 4 de noviembre de 2005 establece:

“Por lo que se refiere a las tendencias homosexuales profundamente arraigadas, que se encuentran en un cierto número de hombres y mujeres, son también éstas objetivamente desordenadas y con frecuencia constituyen, también para ellos, una prueba. Tales personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza; respecto a ellas se evitará cualquier estigma que indique una injusta discriminación. Ellas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en sus vidas y a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar.

A la luz de tales enseñanzas este Dicasterio, de acuerdo con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cree necesario afirmar con claridad que la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay.

Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres. 

De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas.

Si se tratase, en cambio, de tendencias homosexuales que fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, ésas deberán ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal.» (n. 2).

8. Para el sacerdote que hizo una declaración pública de ser heterosexual, es igualmente importante preguntarse cuál es el propósito y el beneficio.

Entonces comprendo tu decepción al escuchar ciertas declaraciones.

¡Es la decepción que puede sentir una esposa cuando le dicen que a su marido le gustan las mujeres!

Ella no está felíz de escuchar ésto de su esposo. Mucho menos escuchar a la gente decirlo.

Esta declaración contiene implícitamente la afirmación de un trastorno. O, en cualquier caso, la sospecha de un trastorno.

9. Es cierto que el sacerdote no hace el voto de castidad, sino sólo la promesa del celibato. Pero la sustancia es la misma.

Especialmente en ambos casos, el sentido común debe ser el mismo.

Te deseo lo mejor, te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo