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Pregunta 

Buenas tardes,

Hace poco que he descubierto su apartado, he leído algunas de sus respuestas y especialmente las preocupaciones que a diario le presentan. Considero que es muy importante poder contar con un instrumento como este, sobre todo en relación a temas delicados de los que lamentablemente se habla poco y aún hoy en día generan incomprensiones y perplejidades.
Estoy felizmente de novia con un joven que comparte mi misma fe, provenimos de dos familias tradicionales y practicantes que nos transmitieron valores con los que estamos de acuerdo y que consideramos indispensables, y de esto estamos agradecidos.
Durante meses hemos tenido la oportunidad de afrontar muchos temas, entre ellos el relacionado con la sexualidad en la vida cristiana, que aún hoy nos resulta difícil comprender plenamente, es por eso que he decidido dirigirme a usted.
Hemos decidido de común acuerdo tener relaciones prematrimoniales, conscientes del inmenso don que recíprocamente nos otorgamos. Estamos convencidos que nuestra decisión no ha sido dictada por el egoísmo del placer o como una condición indispensable para poder vivir nuestra relación, sino como un acto de Amor. Ambos sabemos que según la doctrina cristiana no está permitido y es este aspecto que quisiera profundizar con usted. He leído mucho sobre el tema y también he participado en encuentros en los que las explicaciones no me satisfacían. De hecho resulta difícil tratar este argumento y me parece que no se profundiza ni explica adecuadamente, por eso le planteo algunas cuestiones.

1.¿Por qué las relaciones entre dos personas que se aman son consideradas puras solamente si están finalizadas a la procreación? Pienso que antes que nada sea un gesto de amor que solo en segunda instancia tiene como consecuencia el nacimiento de un hijo, tener una relación con el único objeto de procrear, pienso que corre el riesgo de privar a la pareja del amor que recíprocamente se dan.

2. Las relaciones sexuales en el matrimonio pueden regulamentarse con la anticoncepción natural, admitida por la moral cristiana. El hecho de abstenerse en determinados momentos del ciclo es consecuencia del hecho que los cónyuges no estén buscando un hijo en ese momento y las relaciones que tendrán en el tiempo de infertilidad de la mujer serán expresión del deseo de amor que excluya al hijo.¿Por qué en este caso la relación no está igualmente condenada, si no está finalizada a la procreación?

3 Soy la primera en no estar de acuerdo con los métodos anticonceptivos abortivos o que vayan a modificar a la persona, pero ¿Dónde se halla la diferencia entre tener una relación con un anticonceptivo normal y otro según anticoncepción natural? La finalidad es siempre la de evitar un embarazo.

Corríjame si yerro, pero para mí el acto sexual es antes que nada un don que la pareja se hace  y que repito y subrayo se basa en el amor y en el respeto recíproco, si así no fuera se trataría solo de la búsqueda del placer. Pensar que esté únicamente finalizado a la reproducción, lo admito, me produce una gran tristeza.
Antes de terminar, abro un último paréntesis.
Los tiempos han cambiado, no digo que haya que adaptarse a lo que es nuestra actual sociedad, que desgraciadamente es desenfrenada y superficial, pero pienso que se podría intentar comprender cuales son las perspectivas que hoy se abren para las jóvenes parejas que deciden comenzar juntos un camino.
Como creyente mi objetivo es crear una familia basada en el matrimonio cristiano, en lo que creo firmemente, pero igual que mi novio tengo ante mí, todavía años de estudio y un trabajo inseguro, bases con las que se sabe, es difícil poder pensar en construir una familia. La dilación del tiempo para llegar al matrimonio, es un hecho que no se puede ignorar. No es posible pensar que se viva el noviazgo como hace 50/60 años atrás. Pienso que la Iglesia se da cuenta de esto y espero que siempre pueda estar cerca a sus futuras familias.
Le pido que me disculpe por haberme explayado tanto y por esta última acotación en el final, espero que pueda colmar algunas perplejidades, pero lamentablemente creo que los jóvenes a menudo tenemos poca ayuda para poder llevar adelante un camino de fe con conciencia clara y esto genera en nosotros continuas dudas.

Aguardo su respuesta agradeciéndole de corazón.


Respuesta del sacerdote

Muy querida,

1. Espero sinceramente que mientras tanto hayas tenido la paciencia de leer las numerosas respuestas que he dado acerca de las relaciones prematrimoniales.
Pero ocupémonos de tu mail y de sus contenidos.

2. Primeramente me apena comprobar la poca confianza que tú y tu novio tienen en la ley de Dios, considerada entre otras cosas como una norma de la Iglesia.
Me dices que deseas que la Iglesia se ponga al día puesto que no se puede vivir el noviazgo como hace 50/60 años atrás.
Que haya cambios en la manera de vivir el noviazgo hoy en día está bien, puesto que las exigencias también ha cambiado, sin embargo hay que decir que la ley de Dios no cambia porque inmutable e infinito es el amor de Dios hacia los hombres.

3. Habiendo decidido tener relaciones sexuales -si bien se declaran pertenecer a familias tradicionales- de hecho han excluido a Dios del núcleo más profundo de su vida.
Siguen creyendo en Dios y por eso teóricamente se profesan creyentes, pero hace tiempo que Dios ha dejado de ser el motivo último de su amor.
Las impurezas -aunque no se llegue a las relaciones sexuales – influencian el núcleo más íntimo de la persona y tácitamente excluyen a Dios.
En la impureza o en el pecado, Dios deja de ser el punto de partida, la guía y el fin último del amor entre ustedes.

4. Tomando la decisión de mantener relaciones sexuales, lamentablemente no  se consultaron con Dios. Quien para proteger el amor y hacer que las personas sean permanentemente felices dio el mandamiento: no cometerás actos impuros. Este mandamiento no lo dio para quitarle al hombre algo de su felicidad, sino para ubicarla en el buen camino y así protegerla.
Este mandamiento no lo dio para quitar la libertad, sino para cuidarla y para que no quede esclava del egoísmo y de la concupiscencia.

5. El mandamiento del Señor no es una imposición, sino un don, es más, es la prueba de un amor de predilección: «Pongan cuidado en practicar lo que el Señor, su Dios, les ha ordenado, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.Vayan por el camino que el Señor, su Dios, les ha trazado, para gozar de una larga vida en la tierra de la que van a tomar posesión» (Dt 5,32-33).

6. Dices que has leído mucho. Pero si hubieras leído los documentos de la Iglesia habrías adquirido la capacidad de entender mejor el precepto del Señor.
En la Familiaris Consortio, Juan Pablo II enuncia un principio que ilumina también el tema de las relaciones prematrimoniales:. «La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión temporal; si la persona se reservase algo o la posibilidad de decidir de otra manera en orden al futuro, ya no se donaría totalmente.»(FC11).

7. Ahora bien, los novios son conscientes de no pertenecerse de momento, total y definitivamente.
Saben que son libres, que pueden dejarse sin deberse nada.
En cambio la entrega de la persona por su naturaleza es irrevocable porque se cumple la expropiación de sí misma convirtiéndose de hecho en propiedad del otro.
Ustedes en cambio saben perfectamente que todavía no se han expropiado a sí mismos. Saben que son libres.
Por lo tanto, las relaciones prematrimoniales muestran una realidad que no existe.
Es por ello que Juan Pablo II las define como un engaño.

8. También son engañosas por otra razón: la de la anticoncepción.
A propósito de ello Juan Pablo II dice: «Así, al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce, no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal.» (FC 32c).

 9. Preguntas por qué un acto de amor es considerado puro cuando está finalizado a la procreación.
Más que finalizado, es mejor decir orientado o abierto a la procreación. Esto porque por la propia naturaleza no todos los actos de hecho son procreativos.
El motivo de esa orientación es sencillo y evidente: las facultades sexuales están íntimamente estructuradas en orden a la procreación.
Cuando ustedes dicen que hacen el amor, de hecho no se unen de cualquier manera, sino a través de los órganos reproductores.
No sólo esto, sino que el hecho mismo de «hacer el amor» se acaba -que se quiera o no- ni bien se cumple la finalidad procreativa.

10. Juan Pablo II agrega: «En el acto conyugal no es lícito separar artificialmente el aspecto unitivo del procreativo, porque uno y otro pertenecen a la verdad íntima del acto conyugal: uno se cumple junto al otro, y en cierto sentido uno a través del otro. Por lo tanto el acto conyugal sin su verdad interior, privado de su aspecto procreativo, deja de ser un acto de amor (22-8-1984). Esto lo dijo para los casados. Pero a fortiori, vale también para los novios. 

11. Sí que es cierto que ese acto es antes que nada un acto de amor.
Pero es un acto de amor estructuralmente orientado a generar vida.
En cambio con la anticoncepción esta finalidad está contradecida y frustrada justamente mientras la suscita.

12. En tu mail hablas de «anticoncepción natural admitida por la moral cristiana». Dejando de lado el legalismo (como si la moral enseñada por la Iglesia fuera simplemente un conjunto de preceptos y nada más), la Iglesia no enseña ninguna forma de anticoncepción. Los métodos naturales no son anticonceptivos. Y esto no porque lo diga la Iglesia, sino porque no anticoncepcionan nada, es decir no impiden nada.
Simplemente se trata de utilizar los ritmos de la naturaleza. Y, sabiendo que son potencialmente procreativos, es como aceptar ponerse profundamente en juego.
En cambio en la anticoncepción ocurre todo lo contrario. La anticoncepción no solamente es cerrarse a la posibilidad de procrear, sino resulta evidente que se rechaza la donación total de sí al otro. Es por eso que Juan Pablo II decía que el acto anticonceptivo deja de ser un acto de amor.

13. Es cierto que al hacer uso de los ritmos naturales, muy a menudo el objetivo es el de no aumentar el número de hijos. Pero es asimismo cierto cuanto observaba Juan Pablo II: «Al excluir positivamente de sus relaciones la posibilidad de procreación, el hombre y la mujer hacen que se deslicen inevitablemente hacia el mero gozo sexual». ( Amor y responsabilidad, pág.160).
Y «al violar las leyes de la naturaleza, «viola» también a la persona convirtiéndola en objeto de gozo en lugar de hacerla objeto de amor.
La disposición a la procreación en las relaciones conyugales protege el amor, es la condición indispensable de una unión verdadera de las personas.«(Amor y responsabilidad pág. 156)

14. Como ves, la ley de Dios está bien motivada quiere fundar el matrimonio sobre bases duraderas cuales son las del amor  auténtico.
Se hace necesario efectivamente, distinguir entre concupiscencia o atracción erótica y amor. Fácilmente se intercambia el amor con la atracción y la concupiscencia. Éstas crecen al máximo cuando comienzan las relaciones sexuales.
Pero el amor que se da totalmente y que pone en juego a las personas sin contradecir a la verdad es otra cosa.

15. Por fin no esperes que la Iglesia en esta materia se adecúe al mundo. La Iglesia tiene la misión de adecuar el comportamiento del hombre a la voluntad de Dios, que sin duda es más sabia y santa que todos los deseos humanos.
Este es el único deseo que da la felicidad y que garantiza la duración (el vivir «largos años» bíblico) del noviazgo primero y del matrimonio después.

Con el deseo que puedas comprender la voluntad de Dios y abrazarla con todo el corazón para ser feliz y no tener nunca que arrepentirte de tu comportamiento, te aseguro mi recuerdo ante el Señor y te bendigo.

Padre Angelo