Querido Andrea,
1. el amor hacia los enemigos presupone la caridad, que es la forma divina y sobrenatural de amar, que Dios infundió en nuestros corazones (cfr. Rm 5,5).
Puesto que Dios ama también a aquellos que no lo aman, es más, también a los que lo injurian (los pecadores), en consecuencia quien ama con el corazón de Dios, ama a todos aquellos amados por Dios.
(cfr. Rm 5,5).

2. Jesús dijo: «Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo» (Mt 5, 44-48).
En el Padrenuestro Jesús nos enseñó a rezar así: «Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6,12).

3. Concretamente ¿qué significa amar con el corazón de Dios a nuestros enemigos?
Significa desearles todo aquello que Dios quiere para ellos: el arrepentimiento de sus pecados, la conversión, el regreso a Dios, el progreso en la vida espiritual y la eterna bienaventuranza.

4. Pero, puesto que la caridad es un amor sobrenatural infundido por Dios dentro nuestro, y por lo tanto se trata de un amor espiritual, no es necesario que esté acompañado por sentimientos, es decir de aquellos afectos sensibles con los que nosotros amamos a nuestros amigos.
Santo Tomás pregunta si debemos amar a los enemigos con un afecto peculiar, y dice que no. Esta es la razón: “el amor a los enemigos puede entenderse en sentido particular, es decir, como un movimiento especial de amor de alguien hacia su enemigo. Esto no es en absoluto exigencia necesaria de la caridad, ya que esta virtud no implica amor especial a cada uno de nuestros semejantes en particular, extremo que resultaría imposible. No obstante, ese amor especial, entendido como disposición de ánimo, es exigencia necesaria de la caridad en el sentido de estar dispuesto a amar a un enemigo en particular si hubiera necesidad”. (Suma teológica, II, 25, 8).
Por otra parte ya en el Antiguo Testamento se mandaba: “Si encuentras perdido el buey o el asno de tu enemigo, se los llevarás inmediatamente. Si ves al asno del que te aborrece, caído bajo el peso de su carga, no lo dejarás abandonado; más aún, acudirás a auxiliarlo junto con su dueño” (Ex 23, 4-5).
“Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber” (Pr 25,21).

5. Pregunta qué puedes hacer concretamente por los que rompieron los puentes contigo y te tratan mal o como si no existieras.
Seguramente el primer modo de quererlos es con la oración, sobre todo con el Padrenuestro porque todo lo que pedimos para nosotros lo pedimos también para nuestro prójimo, comprendidos los enemigos.
Es particularmente valioso hacer que intervenga la Virgen porque ella nos ama con amor materno. Y con esa dulzura que la caracteriza, sabe preparar las situaciones de tal modo que se produzcan encuentros y se pueda sonreír nuevamente.

6. Claro, como bien notas, no podemos imponer al otro que nos quiera, que nos pida perdón, o nos perdone, y que se restablezca una nueva relación.
Tampoco es requerido que seamos nosotros quienes intentemos reanudar las relaciones. Si los tiempos no estuviesen maduros, podría ser contraproducente.
Lo que se nos pide es que de nuestro ánimo quede eliminado todo veneno, de tal modo que si los cruzamos por la calle, no hace falta expandirnos en cumplidos, es suficiente esbozar un saludo o simplemente responder a éste.

7. Es cierto lo que tú destacas, es decir que a veces solamente con ver a ciertas personas, se siente interiormente un malestar.
También Jesús experimentó este malestar interior, como cuando algunos lo observaban si había curado a alguien durante el sábado: Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él la extendió y su mano quedó curada (Mc 3,5).
Esta molestia es la que se experimenta ante la doblez de las personas hipócritas, que están esperando que digas una palabra para poderte atacar o difamar.
Es el desasosiego que se puede experimentar también en el seno de la Iglesia ante personas que constituyen escándalo para los fieles, sobre todo hacia los más débiles.
No necesariamente, pues, esta inquietud es sinónimo de pecado.
Es más, según Santo Tomás puede ser fruto del celo, de un amor más intenso, y bajo este perfil es encomiable (cfr. Suma teológica, II-II,158, 2).
Es reprobable en cambio si deseara el mal del otro. En este caso sería faltar a la caridad.
Sus exactas palabras son: “Dado que la pasión puede estar, o no, regulada por la razón, no es esencial a la pasión, considerada de un modo absoluto, la razón de mérito o demérito ni la de alabanza o reproche. Pero puede existir motivo de mérito y alabanza o, por el contrario, si no va regulada por la razón, poseer razón de demérito y ser reprobable”. (Ib., ad 1).


Te deseo todo bien en este gozoso tiempo de Pascua, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo