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Cuestión

Hola mi nombre es S. L.,

Quería pedirle su opinión sobre el conflicto y la confusión actuales que hay en el mundo católico. Me convertí sólo un año y medio realmente y muchas cosas no las sé. La visita del Papa al Sultán dio mucho que hablar en Internet. Muchos lo ven mal, incluso como un acto de sumisión al islam, como también el hecho de que el Papa bese los pies a los musulmanes. Ahora no sé muchas cosas y no quiero hacer juicios ni sentencias sino sólo rezar porque creo que es la actitud correcta y porque creo que la gente común no tendrá las herramientas para entender bien la labor del Papa. Pero, en cualquier caso, me deja perplejo la actitud de algunas personas que llegan incluso a no reconocer a Francisco como papa y reivindican la figura de Benedicto como su papa.

En fin, quería tu opinión sobre todo el revuelo que hay entre los creyentes y es muy visible sobre todo en la web y en Facebook.


Respuesta del sacerdote

Querido,

1. No eres la primera persona a la que respondo a un problema que para muchos constituye una labor interior y a veces también exterior. Mientras tanto, me alegro de tu conversión y espero que el entusiasmo inicial no haya decaído.

2. Para muchos convertidos, después de la llamada luna de miel, se produce un proceso de habituación. Se alegran de haber conocido al Señor y de convivir con él, pero el asombro desaparece. Si esto puede ocurrir con todas las personas, incluso con las más queridas, no debería ocurrir con Cristo. Por el contrario, en cuanto nos damos cuenta de una determinada habituación, debemos despertar inmediatamente y decirnos: esto es una mala señal porque Jesucristo está dejando de ser para mí la maravilla siempre nueva, está dejando de ser el punto de partida y de llegada de toda mi vida y de todos mis sentimientos.

3. Para que Cristo sea siempre «el que hace nuevas todas las cosas» (Ap 21,5) y entre ellas también nuestra vida personal, es necesaria la meditación, con todo lo que ello conlleva.

4. ¿Por qué la meditación? Porque en la meditación se enciende el fervor, como dice también David en el Salmo 39: » el corazón me ardía en el pecho, y a fuerza de pensar, el fuego se inflamaba,¡hasta que al fin tuve que hablar!» (Sal 39,4). El texto latino dice: «Concaluit cor meum intra me: et in meditatione mea exardescet ignis». La traducción de la CEI: «Mi corazón ardía en mi pecho; al reconsiderarlo, el fuego se encendió». Ciertamente es una traducción exacta. Pero, como todo el mundo puede ver, ha desaparecido la palabra «meditación», que hizo que muchos entendieran, como por ejemplo Santo Tomás, que la causa del fervor o de la devoción está precisamente en la meditación (Cf. Summa Theologica, II-II, 82, 3).

4. Te lo digo porque, a quien que se acerca a Cristo no le pase que se desanime al ver las confusiones y diatribas humanas. Para no perder el rumbo, mantén tu mirada siempre fija en Jesús. Déjate renovar continuamente por Aquel que es el Sol que sale de arriba (no de abajo, como el que vemos por la mañana con nuestros ojos), el Sol que nunca se pone y que renueva continuamente nuestra juventud.

5. Por lo tanto, deje en un segundo plano lo que lee en los distintos blogs. No tienes que preocuparte tanto. Siéntete algo culpable si durante el día dedicas más tiempo a leer esos blogs que a estar en comunión con el Señor.

6. En cuanto al Papa, que siempre sigue siendo el dulce Cristo en la tierra, como decía Santa Catalina de Siena, obedece sus órdenes. En realidad, da muy pocas. Y todo lo que dice o hace en su ministerio petrino, tómalo siempre in meliorem partem, es decir, trata de ver el aspecto positivo de esos gestos o palabras, sin dejarte condicionar por las diversas diatribas ,coincidiendo con la fe de Pedro y sus sucesores que Cristo ha garantizado sobre su indefectibilidad hasta el final de los tiempos (cf. Lc 22,32).

7. Por eso te digo una vez más: mantén tu mirada fija en Jesús. Él es el autor, el objeto y la meta de nuestra vida de fe. Él y sólo él es nuestro todo. Las personas humanas, por muy constituidas que estén en la jerarquía sagrada, no son nuestro Dios. Todos están en el orden de los medios. Su propósito es ayudarnos a crecer en Cristo. Y todos ellos, a su manera, sirven para cumplir ese objetivo.

8. El Señor, al final de nuestros días, no nos juzgará por las responsabilidades de los demás, sino por la acogida que le hayamos dado, y querrá ver si Él, el Cristo, se ha formado en nosotros (Gal. 4:19). Como puede ver, aún nos queda un largo camino por recorrer. Ayudémonos mutuamente con nuestras oraciones.

De estas te aseguro las mías, que de buen grado me comprometo hacer, como igualmente te bendigo.

Padre Ángelo