Rev.do Padre Angelo,
Soy una religiosa…
Esa es mi pregunta: “me doy cuenta de que hay cosas que me han marcado profundamente, hasta el punto de haberme vuelto hipersensible, y tan pronto como descubra una crítica hacia mi cuenta, o veo una interpretación errónea hacía mis intenciones, me pongo abajo, o reacciono mal. Sobre todo, p. Angelo – y me avergüenzo en decirlo – siento tanta ira: una pasión, un sentimiento, una emoción que nunca he tenido dentro en esa manera tan preponderante, incluso antes de entrar en el convento.
Ahora he acumulado ira, por todas estas cosas, o sea por las injusticias, por la falta de rectitud que veo a mi alrededor, por demasiada bondad que crea disparidad (bondad hacia aquellos que exigen todo como un derecho y siguen pidiendo permiso sobre las cosas no permitidas por la regla, y siempre para obtener, mientras que el “no” lo reciben únicamente aquellos que tratan de vivir constantemente abrazando sacrificios) y así sucesivamente …
Dentro de mí veo ira, decepción por la vida religiosa y las personas (porque encontré una humanidad muy baja especialmente en el convento, con poca madurez humana), y una hipersensibilidad por posibles críticas o juicios incorrectos hacia mí. Todo esto afecta mi vida de oración, psicológica y física, porque estoy en continua lucha interior y siempre en tensión. ¿Cómo puedo eliminar esta ira? ¿Cómo puedo ya no preocuparme por ser juzgado mal? Sé que solo me importa el juicio de Dios… pero vivo entre la gente… entre la teoría que conozco y la práctica, hay un abismo.
También lo siento por el tono polémico, pero sale del gran sufrimiento que tengo dentro.
Concluiré diciendo que, a pesar de esto, doy gracias a Dios por su llamada y no volvería atrás. Sin duda ahora reconozco que estoy cruzando un mar en tormenta…”
Gracias


Querida Hermana,
1. Me disculpo ante todo por el grave retraso en mi respuesta. Pero solamente hoy he podido leer su e-mail con calma.
Puedo entender por lo que ha pasado y está pasando porque estas son experiencias que tantas personas han vivido y están viviendo hoy en la Iglesia.
En algunas actitudes se puede notar con su comportamiento, así como con sus ideas y ciertas declaraciones, la falta de estabilidad en la vida religiosa.
¿Qué se debe hacer en tales situaciones?
Le voy a decir tres cosas.

2. La primera es que Dios no se equivoca ni siquiera al permitir toda esta confusión (una palabra demasiado eufemística).
La oración que hay en el domingo del 9 de tiempo ordinario suena así: “. Oh Dios, que en tu providencia todo lo dispones de acuerdo con tu plan de salvación, aleja de todos nosotros el mal y danos lo que nos beneficie, por nuestro verdadero bien. Por nuestro Señor…”
Por lo tanto, el Señor lo arregla todo, incluso en el permiso del mal, de acuerdo con su plan de salvación.
El texto latino es más fuerte: “Deus, cuius providéntia in sui dispositióne non fállitur, …”. Traducido literalmente: “Oh Dios, cuya providencia en la disposición de sí mismo no falla”.

3. El segundo es el siguiente: todo nos lleva a un plan de adoración según los designios de Dios que, a través de los diversos acontecimientos de nuestra vida, tiene como objetivo nuestra santificación.
Esta santificación tiene como propósito llevarnos a una unión transformadora con Cristo, es decir, ser con Cristo crucificado una cosa sola hasta el punto de que podemos decir en toda verdad cómo san Pablo: “ya no soy yo quien vive sino que Cristo vive en mí” (Ga 2, 20).
Eso se realiza solo a través de la disolución de la semilla de trigo que se deja macerar por los diversos elementos de la tierra para poder llevar fruto.

4. San Juan de la Cruz diría que lo que Usted está pasando corresponde a la noche oscura de los sentidos.  Esta noche oscura tal vez no se caracteriza por la ausencia de consuelo espiritual en su vida de oración, sino ciertamente por la incomprensión (¡esto también es un eufemismo!) y por la pérdida del significado mismo de la vida religiosa, con el pretexto de renovarla y conducirla a un nuevo tipo de santidad, que santidad no es en absoluto si nos fijamos en la vida y el comportamiento de sus autores. A menos que queramos llamar bien lo que es malo y pecado, y es ofensa a Dios

5. En esta fase de la vida espiritual, el Señor quiere despojarnos de todo y dejarnos solos por quedarnos con Cristo y con Cristo en la cruz, continuando su pasión en nuestra carne por la vida del mundo.

6. Si el semen de trigo cuando está atacado, por los diversos ácidos de la tierra para ser disuelto, pudiera hablar, diría: dejadme en paz, no me atormentéis así.
Pero en ese caso, ciertamente no podría dar fruto.

7. Por lo tanto, le digo que haga suyas las palabras que David le dijo a Abisai cuando quería que fuera castigado aquel Siméi que maldecía públicamente contra David diciéndole: “¡Vete, vete, sanguinario, malvado! El Señor ha hecho recaer sobre tu cabeza toda la sangre de la casa de Saúl, en cuyo lugar reine” (2 Sam 16, 7-8). Y no se contentaba con herirle con las palabras, sino que “maldiciendo, arrojaba piedras contra David y contra todos los siervos del rey David” (2 Sam 16, 6).
Las palabras de David a Abisai eran estas: “Dejad que le maldiga, porque el Señor se lo ha mandado.
Quizás el Señor mirará mi aflicción y me devolverá el bien a cambio de la maldición de hoy” (2 Sam 16, 10-12).
Porque el Señor se lo ha ordenado“, se entiende por qué el Señor lo ha dispuesto así, ha permitido esto.

8. La tercera cosa que le digo, pero sería la primera que hay que hacer es lo siguiente:

mantenga siempre su mirada fija hacía Jesús.
Es el Espíritu Santo quien nos empuja a mantener esta actitud cuando nos dice : ” Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios. Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo. No habéis resistido todavía hasta llegar a la sangre en vuestra lucha contra el pecado. Habéis echado en olvido la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor; ni te desanimes al ser reprendido por él. ” (Hb 12, 1-4).

9. Es lo mismo que Dios había mandado en Abraham y en Abraham a todo hombre: “Yo soy EL Dios el Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.(Gn 17, 1).
Quedarse en la presencia de Dios todo el tiempo es el secreto de todo.
Debemos estar en la presencia de Dios con la mirada fija en Jesús en la misma disposición de la mente de David cuando dijo. ” He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, y como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios, Hasta que tenga misericordia de nosotros. ” (Sal 123,2).
El Señor utiliza a todos, incluso a los demonios, como el mismo dijo a santa Catalina de Siena, para realizar sus proyectos.

10. Viviendo en este martirio interior y oculto, Usted también, algún día, podrá decir junto con Santa Teresina del niño Jesús, cuando el Señor la hizo beber en la copa del sufrimiento y humillación por la enfermedad final del padre: “Sí, los tres años del martirio de papá me parecen los más amables, los más fructíferos de mi vida, no los daría por todo el éxtasis y las revelaciones de los santos; mi corazón se desborda de gratitud pensando en ese tesoro invaluable que debe causar una santa envidia a los ángeles de la corte celestial” (Historia de un alma 206).
Con esta muerte interior junto con Cristo, Usted, puede hacer en la Iglesia y en el mundo un inmenso bien mayor que el que realiza externamente en la tarea que se le ha encomendado.

El Señor quiere que lleguemos a nuestra santificación no solo en el mar en calma, sino también en el mar tormentoso, como el en que se encuentra Usted actualmente.
Cuando estamos en una tormenta nos vamos más allá, si vivimos con el espíritu de las Bienaventuranzas Evangélicas.
Le aseguro un recuerdo cordial en la oración y la bendigo.
Padre Angelo


Traducido por Susanna F.

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