Questo articolo è disponibile anche in: Italiano Inglés Español Francés

Pregunta

Querido Padre Angelo,

Lo felicito calurosamente por el servicio que ofrece a quien todavía tiene la fe arraigada en el corazón. En tiempos en que el materialismo engulle hasta el pensamiento de las personas, en los cuales todos quieren creer en el complot de la iglesia, cayendo en un complot mucho más grande, usted ofrece respuestas concretas y logra, algo que no es descontado, dar respuestas simples a preguntas simples y respuestas articuladas a quien desea profundizar en los argumentos.

Soy un profesional, marido y padre de dos hermosos hijos. Yo era un cristiano apasionado. Conocedor de la Biblia como debe serlo todo cristiano y sobre todo sereno en la vida cotidiana. Luego todo cambió. En un momento sumamente delicado de mi vida (a mi esposa le fue diagnosticada una enfermedad terrible) apareció en mi vida una persona llena de comprensión y buenos consejos sobre cómo enfrentar los aspectos críticos que esta condición trajo a mi vida. Nunca habló de la masonería en aquellos días. Cuando la situación de mi esposa se estabilizó, fui yo quien fue a buscarlo por amistad y gratitud. En ese momento me propuso entrar a formar parte de un proyecto cultural decididamente importante y lo hizo en presencia de personas, sus afiliados, aparentemente de gran relevancia social y cultural: magistrados, rectores y profesores académicos. Pensé que podía ser una buena oportunidad de trabajo y decidí unirme. Hasta ese momento nadie había hablado nunca de la masonería. No quiero aburrirlo con infinitos detalles, pero llegó el momento en que cayó el velo.

Simplemente le pedí a un colega, profesor de religión durante treinta años en escuelas italianas y ex sacerdote, que me explicara algunos pasajes del Éxodo, en particular por qué fue Dios quien endureció el corazón del faraón para desatar su ira sobre el pueblo egipcio, cuando el faraón más de una vez quiso liberarlos y, de hecho, propuso a Moisés, que una vez dejado Egipto, hiciera un sacrificio a Dios por su cuenta. Desde que hice esta pregunta me cayó encima una avalancha de testimonios en contra de todos los dogmas de la Iglesia Católica. Sin extendernos punto por punto, la tesis, en extrema síntesis, es que el único Dios del Antiguo Testamento no existe, los elohim son una raza alienígena que se dividió los pueblos de la tierra, y el pueblo de Israel tocó en herencia a Yahvéh, joven y temerario Dios de la guerra y de los ejércitos, malhumorado y con Asherah como esposa (confirmado en el Libro de los Reyes que menciona una estatua suya en el templo de Yahveh en Jerusalén) que con su pequeño campamento paramilitar comandado por su general Moisés tenía que demostrar lo que podía conquistar a las principales deidades. Obviamente, para soportar estas tesis me presentaron las traducciones de las tablas sumerias conservadas en la nueva biblioteca de Alejandría en Egipto y en el monasterio copto de San Mateo al sur de El Cairo, hallazgos existentes hoy y fechados siglos antes del nacimiento de la escritura hebrea. Entonces, según ellos, es un hecho que las historias del génesis (la creación, Adán y Eva, Caín y Abel, el diluvio) fueron tomadas paso a paso de las tablas sumerias y no inspiradas por Dios. Descubrí la primera trinidad divina de la historia: Anu, Enlil y Enki. Luego la segunda: Isis, Osiris y Orus, entonces comprendí que la trinidad obra sobre los fieles. Y esto cualquiera de nosotros puede demostrarlo fácilmente, basta ordenar un libro o tomar un avión para pasar unas vacaciones en Egipto. Entre otras cosas, de las tablas sumerias se han recabado la teoría de la relatividad del tiempo de Einstein, la teoría de la evolución de las especies de Darwin (naturalmente ambos masones) y otras cosas como la bomba atómica.

Por supuesto, el descubrimiento de éstas y muchas otras cosas puso en duda mi fe cristiana, que hasta ese momento era el baluarte y el faro de mi vida. Y comencé a sufrir.

En mi afán por encontrar fallas en sus teorías, comencé a estudiarlo todo. Desde los textos de Tertuliano, Ireneo y Orígenes, he descubierto a Celso, Marcione y Valentino. Pero, ¿es posible que para ver una reacción dura y detallada a la gnosis, el verdadero y quizás el único peligro realmente grave para el cristianismo, debamos remontarnos a textos de hace diecisiete siglos? Y al final Tertuliano, adhiriendo al movimiento montanista, declaró la necesidad de cambiar para enriquecer el espíritu, acercándose en algunos aspectos a lo que combatió durante toda su vida. Luego las visitas a las iglesias, con una anécdota negativa por cada prelado y por cada culto, hasta llegar al verdadero significado del pesebre. Todo esto para hacerle comprender, en fin, el trabajo llevado a cabo para arrancar de mi corazón la creencia católica y el intento de sustituirla con puro odio hacia la iglesia. Querido Padre Angelo, creo que si en este mundo tenemos la suerte de creer en algo, debemos defender esa creencia como un tesoro en el corazón. Independientemente de si es cierto, o no, nos ayuda a salir adelante, a aceptar nuestra condición humana y mortal, y a sostener valores con los cuales criar a nuestros hijos. Por eso es tan doloroso lo que me hicieron. Pero no he dado pasos falsos con los ojos vendados a través de los pilares de su templo Hiramita. Me aparté, pero no por fe. No estoy de acuerdo con los objetivos.

Aun si la Iglesia Católica fuera esa gran ficción, que ellos critican, ciertamente sería mejor que la alternativa que ellos proponen. Incluso si ningún prelado en Roma creyera en Jesús, como ellos dicen, serían mejores que los masones con sus sutiles técnicas de sumisión mental. Me gustaría volver atrás, pero estoy envenenado. Ni masón ni cristiano como antes. Sufro. Mi familia me hizo abrir los ojos. Me estaban aislando y cuando me di cuenta retrocedí dos pasos.

Discúlpeme Padre Angelo, tal vez usé su correo electrónico de manera inapropiada, tal vez a nadie le importe mi historia, pero he leído muchas de sus respuestas y me gustaría saber, aun en privado, qué piensa principalmente de las tablas sumerias, porque cada vez que pruebo a hacer una reconstrucción teológica para dar sentido a mi fe, termino siempre ahí.

Me gustaría hacerle unas preguntas sobre los malachim, ya que veo un gran interés de los fieles por los ángeles, y me gustaría hablarle de la figura de San Pablo y sus viajes apostólicos.

La masonería es peligrosa por sus propósitos. Mis colegas tienen conexiones en la curia y en el Vaticano. Consideran que la Iglesia Católica está muriendo. Han comenzado un movimiento de pinza partiendo de Turín, con Biglino atacando al Antiguo Testamento, Donnini atacando a la figura histórica de Jesús despojándola de toda santidad y Sibaldi insinuándose con una espiritualidad esotérica y alternativa. Ya tienen decenas de miles de seguidores. Justino, en la primera apología, dice que si aunque en Jesús (absurdamente) no hubiera divinidad, sólo por el tenor de lo que predica debería ser considerado superior a las divinidades paganas, tan queridas por los masones. Pero cuántas lágrimas derramo cuando leo el evangelio. Me gustaría re-encontrar esa serenidad y seguridad en la vida.

Le agradezco, si ha tenido la amabilidad de leer lo que parece más un desahogo que una pregunta. Espero que la iglesia se decida a dar respuestas concretas a las necesidades espirituales de tantos creyentes confundidos. Espero que, por una vez, se combata al fuego con fuego. Espero que usted crea y no considere su posición como un simple trabajo.

Buenas noches Padre Angelo, espero de todo corazón que la masonería se equivoque.

S.


Respuesta

Querido amigo,

1. Desgraciadamente, las personas con las que te has encontrado te han quitado lo más querido y precioso del mundo: la conversación con Dios, la comunión con Dios de corazón a corazón.

Tú antes lo sentías.

Sentías que te hablaba, que te iluminaba, que te guiaba y te apoyaba.

Sentías que te consolaba y te daba cariño a través de tantos regalos (bondad y agradecimiento).

Luego, encontrando a esas personas, y en particular a ese ex sacerdote que, sin embargo, ha querido enseñar la religión católica en las escuelas durante 30 años, se ha puesto un velo a Jesús y tú has dejado ese velo donde ha sido puesto.

2. En lugar de dejarte impresionar por sus palabras, deberías haber intensificado tu conversación viva e íntima con el Señor.

Y tal vez incluso preguntándole: Señor, ¿es  cierto todo lo que dicen?

Quizás el Señor te habría hablado y te habría dicho: mira, eso de los sumerios no es la Trinidad.

Porque la Trinidad es el único Dios que subsiste en tres Personas. Mientras que para los sumerios era politeísmo.

Además, si los judíos hubieran sido influenciados por la cultura sumeria, ¿por qué ni siquiera hay una mención explícita de la Trinidad en el Antiguo Testamento?

Es mas, sabemos con certeza que los judíos no querían dejarse contaminar de ninguna manera por las religiones paganas.

Yahvé siempre se ha mostrado y se ha declarado un dios celoso.

Y los judíos se enorgullecían de tener una divinidad diferente a los ídolos vanos de las naciones paganas.

3. Si hubieras ido directamente a Jesús, Él no te habría dejado sin respuesta.

Y al día siguiente habrías vuelto a encontrarte con estos sabiondos, comenzando por el ex sacerdote, y los habrías dejado boquiabiertos con dos simples observaciones.

4. Tú, en cambio, en ese momento, el peor de tu vida, dejaste que te apartaran de Jesús.

Empezaste a dudar de Él, como si la historia de amor que hasta ese momento habías vivido con Él no hubiera sido más que un sueño.

Deberías haber sentido que sus discursos, revestidos de tanta cultura (¡quién sabe si cierta y auténtica!), eran contradictorios con lo que sentías en tu corazón.

Claro, en ese momento no pudiste responder porque la conversación se presentó de repente. Pero no tenías que poner todo en discusión.

Y en lugar de leer a Montano o incluso a Tertuliano (que luego pasó a la herejía) y aún a Celso, Marción y Valentino, todos antiguos heresiarcas, cómo habría sido más provechoso si hubieras agarrado los textos de San Agustín.

Leyendo a San Agustín te habrías confrontado con alguien que estaba siempre en la presencia de Jesús. Le hablaba explícitamente, sin dejar de filosofar y argumentar, como puedes ver en las Confesiones.

O bien razonaba a la luz de Dios y le expresaba su amor y gratitud de manera impersonal reflexionando sobre los acontecimientos de la historia, como en De Civitate Dei.

5. Las tablillas sumerias atestiguan que los hombres han siempre tenido a corazón el problema de los orígenes, de la creación.

Y han respondido con lo que puedes leer en esas tablillas.

Pero debe descartarse la influencia sobre Israel precisamente por el rígido monoteísmo del Antiguo Testamento y precisamente por la voluntad de este pueblo de no mezclarse con otros pueblos, ni en la cultura ni, menos aún, en las tradiciones y prácticas religiosas.

Incluso hoy en día, los judíos observantes son celosos de todo esto.

Y es un hecho admirable que en los varios milenios y en la sucesión de las varias culturas este pueblo, aunque reducido en su número, sea celoso de su propia identidad, como respuesta al celo de Dios hacia ellos.

Permanecerán así hasta el fin del mundo, como testigos de todo esto.

San Pablo lo afirma claramente en Romanos 11.

Su conversión masiva será la señal segura del regreso glorioso de Cristo a la tierra para el fin del mundo.

Entonces ellos también entrarán en la Iglesia.

En esa Iglesia que los masones dan por terminada porque la miran con ojos puramente humanos, mientras ella es continuamente custodiada y renovada por Cristo, con una fuerza que no es humana, sino celestial.

¿Cómo es que, tan sabiondos, son incapaces de leer la historia?

6. Es hermosa tu conclusión: “Espero que la iglesia se decida a dar respuestas concretas a las necesidades espirituales de tantos creyentes confundidos.

Espero que, por una vez, se combata al fuego con fuego”.

Ora a Jesucristo para que envíe nuevos obreros a su Cosecha.

Pídelo por intercesión de María Santísima, con el Santo Rosario en la mano.

Estoy seguro de que te escuchará.

Ora también por mí, para que el Señor me dé fuerzas en este ministerio, que no es un trabajo, aún porque no es remunerado por ningún hombre.

Te agradezco por tu desahogo.

Te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo