Questo articolo è disponibile anche in: Italiano Español

Pregunta

 Querido Padre Angelo,
Soy Michele un muchacho de 24 años.
Le escribo porque quiero compartir con usted algunas reflexiones y sensaciones que tengo acerca de mi camino hacia el abandono en Dios, la fe, la santidad, las tentaciones hacia el pecado. Un camino con altibajos, pero que está cambiando mi vida, tal vez me siento más perdido que de costumbre, en este mundo, no se si esta es la sensación que produce, pero de todos modos estoy muy determinado en conocer este camino y siempre más progresar.
Desde que me acerqué al Señor me cuesta mucho trabajo abandonar todo en Él, es decir los pensamientos, los problemas acerca de las expectativas de la vida y los nuevos encuentros en mi vida social.
Pero de hecho algo hay en mí… Seguramente estando a solas hay mayor propensión a reflexionar acerca de la vida, la muerte y lo que hay después. Entiendo mejor el sentido de la vida. No siento más el interés por el dinero como único objetivo de la vida.
Seguramente el Señor me ha hecho volverme más humilde respecto a lo que era antes, no niego que la soledad lleva a ser más débiles, inseguros, sensibles. Pero también lleva a entender que no estamos solos. Dios ha aprovechado de este  momento de debilidad de mi vida para que yo me acercara a Él.
Seguir a Dios puede parecer fácil pero he comprobado que no lo es, pues si bien la mente y el corazón están centrados en él, las tentaciones como la rabia, la queja por los pecados impuros están siempre al acecho y cada caída trae tristeza sobre todo por haberlo ofendido y burlado.
Otra cosa de la que me he percatado es que en cada error que cometo siento verdaderamente que el Señor se coloca delante de mi mente como para decir que no lo haga.
No es que antes yo no supiera lo que estaba bien o mal, sino que ahora me doy cuenta de que hay algo que guía mis acciones y mis pasos.
Otra reflexión: cuando de a poco comienzo a permitir que el Señor entre en mi vida, se hace más difícil que Él salga. Siento que Él está conmigo, mi pensamiento está fijo en Él.
Otra reflexión: en este mundo no consigo hallarme a gusto, veo al hombre de una manera diferente, con los ojos de alguien que ha comprendido la Palabra de Dios aunque a veces no la pone en práctica. En cuanto a la oración, debo decir que cuando rezo diariamente el Rosario, incluso tres veces y también con la coronilla de la Divina Misericordia me siento en paz, no obstante tengo en mi mente pensamientos negativos a causa de los pecados.
Ahora bien, me pregunto: ¿fue Él quien quiso que me acercara a Él? Hay un versículo que dice “nadie viene al Padre sino por mí”. Estas palabras se refieren también a mí?
Pero independientemente  de estas emociones, tengo signos de que Dios está cerca mío. Me doy cuenta por las sensaciones y emociones. En una palabra me atrae cada vez más.
Mientras espero una respuesta, le agradezco Padre Angelo su disponibilidad para leer esta carta en relación con los altibajos del camino de fe.
Lo tendré presente todas las veces que rezaré el Rosario.
Le pido a mi vez que me recuerde al rezar el santo Rosario, para que el Señor pueda darme la gracia de seguirlo, de sentirlo a través de las sensaciones y emociones del corazón y de la mente, para que pueda dejar atrás definitivamente el camino del pecado para entrar por aquel que lleva al abandono en Dios, a la fe y a la santidad, porque en estos tres elementos reside el gozo y la paz.
Un saludo de mi parte.
Michele

 Respuesta del sacerdote

Querido Michele,
por fin he dado con tu mail, tan lleno de reflexiones.
Deseo detenerme en cada una de ellas.

1. La primera que trata del abandono total en Dios.
Hay verdadero abandono cuando se lleva a cabo puntualmente el propio deber, cuando se vive en gracia y en todo se desea agradar al Señor.
Con esta triple actitud, sin siquiera pensarlo, ya se está en manos del Señor.
Son manos que protegen de tantos males, que llevan siempre a la salvación sea temporal que eterna y que bendicen.
Todo prospera, por lo menos desde el punto de vista espiritual, cuando se vive así porque entonces se  es “como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo” (Sal 1,3).
Don Bosco decía a sus muchachos: “Huyan del pecado, vivan en gracia y el Dios que provee a las aves del cielo proveerá también en sus necesidades”.

2. Me dices que desde hace un año tus amigos se han alejado, pero en tu vida ha entrado aún más el Señor.
Que haya entrado más profundamente es evidente por el hecho de que tienes un tiempo mayor para estar exclusivamente con Él.
Este tiempo, como el que dedicas a rezar el Rosario tres veces al día, es particularmente precioso y lleno de bendiciones.
Es sintomático el hecho de que en ese momento no te das cuenta del peso de la soledad porque tienes una sensación de plenitud, como es el percatarte de que estás acompañado por la presencia de Dios, que invade suavemente la vida de una persona.
Esta invasión se da de una manera única, esa que describió San Agustín a propósito de su conversión: “Oh, qué dulce fue para mí carecer de repente de las dulzuras de aquellas bagatelas, las cuales cuanto temía entonces perderlas, tanto gustaba ahora de dejarlas! Porque tú las arrojabas de mí, ¡oh verdadera y sana dulzura!, tú las arrojabas, y en su lugar entrabas tú, más dulce que todo deleite, aunque no a la carne y a la sangre; más claro que toda luz, pero al mismo tiempo más interior que todo secreto” (Confesiones, IX,1).

3. Al mismo tiempo te exhorto a que vivas y respires en medio de la comunidad cristiana porque nuestro encuentro con el Señor nunca es un encuentro solipsístico sino que nos empuja a donarnos al prójimo y a recibir a nuestra vez el don de nuestro prójimo
De hecho acogemos verdaderamente al Señor cuando lo hacemos con el prójimo, es más, cuando nos hacemos prójimo en relación a los demás, especialmente a los más necesitados.
Pienso que a través de este mail el Señor quiere decirte esto también.

4. También me dices que desde cuando estas más cerca del Señor te das cuenta de sus inspiraciones y sientes que Él mismo te dice “Haz esto y huye de esto otro”.
Es realmente así. No hay que sorprenderse de ello porque “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”(Rm 8,14).
Además el Espíritu de Dios concede la fuerza para vencer “esos deseos carnales que combaten contra el alma”, como dice San Pedro (1Pd 2, 11).

5. Mientras tanto tuviste también otra linda experiencia: cuando se permite que Cristo entre en nuestra vida, se vuelve más difícil después echarlo.
Es muy cierto: cuando se comienza a tomar gusto de la presencia del Señor, que da una sensación de plenitud y de dilatación a nuestro corazón, se presta más atención en huir de aquello que puede turbar, disminuir o incluso hacer que se pierda el gozo que deriva de su presencia en nosotros.
En uno de los más hermosos y sugestivos himnos de la liturgia de la iglesia se dice que la presencia de Jesús da alegría al corazón y es más dulce que la miel y de cualquier otra cosa  (Jesus, dulcis memoria, dans vera cordis gaudia, sed super mel et omnia,  eius dulcis praesentia).

6. Me preguntas si es correcto si ha sido el Señor quien hizo todo ya que Él dijo: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre”(Jn 6, 44).
Sí, efectivamente es correcto decir esto. Él hizo todo. Ha sido Él que ha querido repetir contigo aquello que hizo con otro joven según el relato del Evangelio:  «Jesús lo miró con amor y le dijo…» (Mc 10, 21).
Sí, hizo esto por un amor singular hacia ti.

Te agradezco que me recuerdes constantemente en tus Rosarios. Retribuyo de muy buen grado con los míos. Con el deseo de que puedas crecer siempre más en la comunión con el Señor te bendigo.
Padre Angelo