Cuestión

Hola Padre, le escribo sobre un sufrimiento atroz mío… Me explico mejor contándoLe mi historia. Mi prometido y yo nos conocimos en agosto de 2016 y nos enamoramos inmediatamente… al principio había mucha intimidad y estábamos muy bien juntos incluso en la cama… luego él se mudó a mi ciudad y empezamos a vivir juntos con la intención de casarnos, de hecho también hicimos el curso prenupcial tan pronto como la historia se volvió muy seria, es decir, tan pronto como empezamos a vivir juntos. Una vez que comenzó la cohabitación decidió no tener más sexo conmigo y hemos practicado la castidad absoluta (aunque nunca estuve de acuerdo), luego decidimos casarnos civilmente por razones fiscales pero, a pesar de esto la castidad ha continuado (debo decir que siempre he sufrido mucho por esto pero amándolo no lo he abandonado sino que siempre he expresado mi sufrimiento) porque este es el 3er año de convivencia y esto me pesa porque estamos planeando casarnos… Me preguntaba si mi estado de sufrimiento es normal por este hecho de castidad absoluta porque me pesa mucho, él, en cambio, se queda tranquilo pero yo empiezo a verlo como un compañero de cuarto y un buen amigo porque ya no tenemos vida sexual y nuestra intimidad como pareja.. ya que en agosto tendría que casarme con él pero me siento muy mal por esto, ¿cómo debo comportarme?
Muchas gracias.


Respuesta del sacerdote

Querida,

1. Hubo un doble error en su historia inicial: la intimidad sexual entre personas que aún no se habían entregado definitivamente. En otras palabras: que no eran marido y mujer. Y luego estaba la voluntad de mudarnos juntos.

2. Sobre el primer error: hay una diferencia abismal entre las relaciones sexuales entre dos personas que aún no se han dado definitivamente y las de los cónyuges. En este último la donación es total (no reservan nada) y por lo tanto es cierto. En el primer caso, en cambio, es falso porque no donan en su totalidad (la anticoncepción es la prueba clara) y luego porque saben que hasta que no hayan dicho que sí delante del altar no son todavía definitivamente uno de los dos.

3. Luego hubo el otro error, el de la convivencia que dentro de la Iglesia introduce en un estado de irregularidad, es decir, de comportamiento flagrantemente contrario a la ley del Señor. Este estado, como todos saben, excluye la posibilidad de la confesión y de la Santa Comunión hasta que exista la voluntad de cambiar de vida.

4. Antes de este ultimátum, su prometido se ha detenido. Se dio cuenta de su doble pecado y no logrando volver atrás, decidió delante de Dios de hacer al menos lo que podía hacer: vivir en castidad a pesar del matrimonio civil que para dos bautizados ante Dios es nulo.

5. Si decidió de hacer así es porque debe haber comprendido que en esas relaciones sexuales faltaba lo más importante que le impedía de darse de verdad y ponerse en juego. Y también debió sentir que no se sentía realizado ni siquiera como hombre, porque esos actos carecían de algo porque estaban deliberadamente deformados en su significado más íntimo. Los postpuso a un momento en el que serán plenamente expresivos de vuestra dignidad como hombre y mujer y de la voluntad de Dios sobre usted.

6. Deberías estar orgullosa de un chico así. Un muchacho así, que sabe determinarse firmemente hacia el bien y hacia Dios y que desde hace tres años ha superado cualquier tentación, da la garantía de que será sólido para mantener unida la familia que querrá formar y conservar tanto en la buena como en la mala suerte.

7. También entiendo su dolor al verte, a quien sin embargo ama, que no entiendes lo que lo está animando su comportamiento y que le gustaría fuera también tuyo. Te ve triste porque envuelta en un no sé qué que te hace inclinarte sobre ti misma, que te hace incapaz de volar alto y de comprender aquel más que ha reservado Dios para esos actos cuando se realizan con pureza y plenitud de sentimiento.

8. Por lo tanto, tú también vuela alto. Agradece a Dios por haberte hecho encontrar un chico así. Pídele la gracia de conservarlo para siempre y hacerte digna de él. Te recuerdo de todo corazón al Señor y te bendigo.
Padre Ángelo

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