Paz Padre,
Lo primero que puedo decir es gracias por las respuestas…
¿Puedo preguntarte cómo se expresa la Iglesia respecto a San Juan Bautista y San José? Algunos incluso dicen que no tienen pecado personal, sinceramente lo dudo, aunque creo que eran inmensamente santos, en virtud de su cercanía por el papel y en la relación con Cristo.
Martin
Respuesta del sacerdote
Querido Martin,
Para no acumular demasiado material te envío una doble respuesta: la primera para San Juan Bautista y la segunda para San José.
1. La Sagrada Escritura atestigua que Juan Bautista fue santificado en el vientre de su madre.
Gabriel, apareciéndose a su padre Zacarías mientras oficiaba en el templo, le dijo: “estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre” (Lc 1,15) y “Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto». (Lc 1,17).
2. Lleno del Espíritu Santo, le fue quitado el pecado original y fue grandemente santificado para desempeñar la misión que debía cumplir: la de preparar un pueblo bien dispuesto para el Señor.
El primero en mostrarse bien dispuesto, evidentemente, tuvo que ser él, el precursor.
Por esta razón la Iglesia celebra la fiesta del nacimiento sólo de María y de Juan Bautista porque ambos, en su nacimiento, estaban sin pecado original. Con esta diferencia: que María fue preservada del pecado original hasta el primer instante de su existencia, Juan en cambio fue liberado en el sexto mes, cuando la Virgen visitó a su prima Isabel trayendo consigo al Santo y Santificador Jesucristo.
3. Según Santo Tomás, Juan Bautista fue confirmado en la gracia en ese momento. Es decir, tenía un grado de gracia tan abundante que junto con una particular protección divina lo hacía inmune al pecado mortal.
He aquí las precisas palabras de Santo Tomás: “La Santísima Virgen, que fue elegida por Dios para madre suya, alcanzó una gracia de santificación superior a la de Juan Bautista y a la de Jeremías, elegidos para prefigurar de modo especial la santificación de Cristo. Señal de esto es que a la Santísima Virgen le fue concedido no pecar jamás ni mortal ni venialmente; en cambio, a los otros santificados se cree que les fue otorgado no pecar mortalmente, mediante la protección de la gracia divina.” (Summa Theologica, III, 27, 6, ad 1).
4. San Juan Bautista correspondió plenamente a la singular gracia que el Señor le había concedido: se retiró al desierto y vivió en penitencia, haciendo méritos para sí y trabajando por el pueblo porque estuviese bien dispuesto a acoger al Salvador.
Su penitencia fue tan grande que nuestro Señor dijo de él: “llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: «¡Ha perdido la cabeza!»” (Mt 11,18).
Su castidad también era impecable. Cuando reprendió a Herodes diciéndole que no podía quedarse con la mujer de su hermano, éste no pudo decirle: “¡Mírate a ti mismo!”
Fue igualmente grande en humildad hasta el punto de constituir un programa de vida para todos. Refiriéndose a Jesús dijo: “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3, 30).
Con el deseo de que lo imites en todo y seas para tus compañeros quien prepare el camino al Señor, te bendigo y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo
14 de octubre de 2023 | Un sacerdote responde – Teología espiritual – General
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