Paz Padre,

Lo primero que puedo decir es gracias por las respuestas…

¿Puedo preguntarte cómo se expresa la Iglesia respecto a San Juan Bautista y San José? Algunos incluso dicen que no tienen pecado personal, lo dudo sinceramente, aunque creo que eran inmensamente santos, en virtud de su cercanía en el papel y en la relación con Cristo.

Martin

Respuesta del sacerdote

Querido Martin,

1. En referencia a la segunda pregunta tú preguntas si San José estaba libre de pecado como la Sma. Virgen.

La respuesta es no, porque Nuestra Señora, por singular privilegio, estuvo exenta de pecado original y del desorden de las inclinaciones (los teólogos lo llaman el fómite de la concupiscencia) desde el primer instante de su existencia.

Si para San Juan Bautista tenemos fuentes bíblicas para las cuales podemos afirmar que fue purificado del pecado original que había contraído y fue santificado desde el vientre de su madre, para San José no tenemos nada excepto que fue el esposo de María y vivió junto a ella. 

2. Sin embargo, esta anotación es de singular importancia porque Dios nunca asigna a una persona una tarea sin darle la gracia necesaria.

Y puesto que el encargo que encomendó a San José fue el de custodiar y sostener a Jesús y a su Santísima Madre, la gracia que le concedió debió ser particularmente alta.

3. A esto hay que añadir algo más. Con la encarnación del Verbo, María recibió una nueva, extraordinaria y muy grande santificación en su alma.

Desde el comienzo mismo de su existencia había recibido una santificación superior a la de todos los Ángeles y todos los Santos juntos. Cuando el Ángel la saluda, en lugar de llamarla por su nombre, la llama “llena de gracia”.

Según Santo Tomás, su santidad, desde el primer momento de su existencia, fue de algún modo infinita.

Pero, con la encarnación del Verbo, recibió una nueva y sobreabundante santificación. Esta vez, dice Santo Tomás, para derramarlo sobre aquellos que encontraría en su vida y para quienes el Señor la preparó para ser madre de la gracia y madre en la gracia.

Vemos esto tan bellamente en el encuentro con su prima Isabel, quien tan pronto como escuchó su voz fue colmada de Espíritu Santo.

No nos resulta difícil concluir que la convivencia con María debió ser una santificación continua para San José.

4. Por eso, dicen los teólogos, si el fómite de la concupiscencia (la inclinación al mal) en san José estaba ligado, es decir, inoperante a causa de la extraordinaria tarea que Dios le había confiado, desde el momento de la cohabitación con la Virgen y por la presencia de Jesús, Dios hecho hombre, el fómite se extinguió.

Hubo así un ulterior progreso en la santificación y una confirmación en la gracia superior a la de todos los santos, con excepción a la de Nuestra Señora.

5. Sólo en Jesucristo hubo unión hipostática, es decir, la unión de su naturaleza humana con su Persona divina.

Evidentemente Nuestra Señora no tuvo la unión hipostática porque su persona era humana y no divina como la de Jesús.

Sin embargo, los teólogos dicen con razón que Nuestra Señora alcanza la unión hipostática porque estuvo unida de manera particular a la persona de Dios, habiéndolo llevado en su seno y habiendo vivido con él durante treinta años.

También san José, aunque en menor grado, alcanza de alguna manera la unión hipostática porque cohabitó con Jesús durante treinta años.

Si la presencia de la Virgen fue santificadora para él, la presencia de Jesús debió ser aún más infinitamente santificadora.

6. El Papa León XIII en la encíclica Quamquam pluries (15.8.1889) subrayó otro aspecto en referencia a la santificación de San José: su condición de esposo de Nuestra Señora.

Ahora bien, los esposos son una única realidad, según lo que dijo Dios al amanecer de la creación. Hay, pues, una comunión de santidad entre ambos, por la que la santidad y los méritos de uno se convierten en la santidad y los méritos del otro.

He aquí sus palabras exactas: “Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad – al que de por sí va unida la comunión de bienes- se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella.”

Nadie más que Nuestra Señora y San Juan fueron uno en santidad y pureza de vida.

7. Por eso la santidad de San José supera a la de Juan Bautista.

Así pues, si a la Virgen se le da el culto de la hiperdulía, es decir, sobre todos los santos precisamente porque alcanza la unión hipostática, a san José se le da el culto de la protodulía, es decir, el primero entre todos los santos. Incluso antes de San Juan Bautista.

Gracias por darme la oportunidad de presentar estas aclaraciones.

Y mientras te recomiendo que conserves tu devoción a San José como un precioso tesoro, te bendigo y te recuerdo en la oración.

Padre Angelo

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