Querido Padre Angelo,
Soy un seminarista y le agradezco por la gran labor que realiza. La pregunta que quería hacerle va más allá del campo de la moral, ya que está más centrada en la demonología. Me la hicieron unos jóvenes y no supe qué responder. Muchos aficionados del fútbol, han quedado impactados por varias noticias sobre futbolistas famosos que afirman contratar hechiceros de diverso tipo para protegerse de lesiones, provocarlas en los rivales o influir en su rendimiento. Incluso, un conocido ex futbolista afirmó haber lanzado una maldición contra un famoso equipo para impedirle ganar la copa más importante (la Champions League) durante todos estos años, y ahora dice haber ordenado a sus hechiceros que la retiren. ¿Es posible hacer esto? ¿Puede un mago o un hechicero influir de manera decisiva en eventos deportivos? Y si es así, ¿por qué no podrían hacerlo también en otros ámbitos, como las elecciones políticas? Sé que quizá el tema no sea importante, pero necesitaría una respuesta para saber si considerar todo esto como exageraciones publicitarias o, en cambio, como algo real. También para disipar las dudas de mis interlocutores.
Gracias por su disponibilidad.
Atentamente,
Giuseppe
PD: Un agradecimiento también de parte de todos los seminaristas cuyas dudas antes de los exámenes fueron resueltas gracias a sus respuestas tan claras.
Respuesta del sacerdote
Querido Giuseppe
1.No podemos excluir a priori los maleficios.
Hay que recordar que recurrir a magos para realizar algún maleficio contra eventos, personas o incluso grupos, siempre se hace con la colaboración —explícita o implícita— del demonio.
2.Sin embargo, hay que decir claramente que el demonio no puede hacer lo que quiera. Es una criatura.
Es un ángel, es cierto. Y, aunque caído, conserva la naturaleza angélica que le otorga cierto poder sobre la realidad de este mundo.
No obstante, sólo puede ejercer su influencia dentro de los límites establecidos por Dios.
3.Por lo tanto, si Dios no lo permite, el demonio no puede hacer nada.
Esto ya es un motivo que inspira gran confianza, porque el principio con el cual Dios regula todas las cosas es su amor infinito hacia los hombres. No los deja a merced de su adversario.
4.Entre los instrumentos que Dios utiliza para contrarrestar la acción del demonio se encuentra también la bendición, que posee un poder superior al de los demonios.
Si los demonios pueden actuar con fuerzas más allá de las naturales, es decir, con poder preternatural (lo preternatural significa fuera del alcance de la naturaleza), la bendición actúa con una fuerza sobrenatural y, por tanto, superior a lo natural y a lo preternatural.
5.Esta fuerza superior se comunica mediante la fe, incluso a través de objetos bendecidos como el rosario, la cruz o una medalla. Santo Tomás de Aquino enseña que el signo de la cruz aleja a los demonios y sus asechanzas. También recuerda que hacer la señal de la cruz con agua bendita no solo los ahuyenta, sino que los mantiene alejados. De aquí se comprende cuán beneficioso es llevar devotamente alguno de estos objetos sagrados mencionados.
6.Y si este es el poder de los objetos bendecidos, infinitamente más grande es el poder de una persona que vive en gracia de Dios, pues incluso pone en fuga a los demonios con sus artificios, es decir, con sus maleficios.
De hecho, se lee en la Sagrada Escritura: «Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes» (Sant 4,7).
Uno se somete a Dios observando sus mandamientos, eliminando el pecado de su vida mediante la confesión sacramental y viviendo en gracia.
Por lo tanto, si se vive como se debe vivir, no hay nada que temer ni del demonio, ni de sus ministros (los hechiceros) ni de sus artificios (los maleficios).
7.Es más, debe añadirse que cuando el maleficio no alcanza su objetivo porque es rechazado por alguna fuerza de orden sobrenatural, vuelve sobre quien lo hizo.
Por lo tanto, para defenderse de cualquier maleficio, es necesario ponerse bajo la protección divina.
El salmo 91 lo recuerda en términos muy claros:
«Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».
El te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
4c su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,» *(Sal 91,1-8).
8.Finalmente, si alguien pregunta si el demonio puede influir en las elecciones políticas, hay que recordar lo dicho al principio: los demonios, en cuanto ángeles, tienen cierto poder sobre la naturaleza material. Lo poseen si Dios se lo permite, incluso sobre nuestros cuerpos y nuestros sentidos, porque estos son de orden material.Pero no pueden influir directamente en el espíritu, y mucho menos entrar en el alma. San Tomás afirma que «es propio y exclusivo de Dios penetrar en la esencia misma del alma (solus Deus illabitur animae)» (Suma Teológica, III, 64, 1) y que «solo Dios puede conocer los pensamientos del corazón y los afectos de la voluntad» (Ib., I, 57, 4).Y esto se debe a que solo Dios sostiene en la existencia todo lo que existe y comunica a cada realidad todo lo que posee.Por lo tanto, el resultado de las elecciones políticas no depende de la intervención de los demonios, sino de la libre voluntad de los hombres.
9.Además, cabe precisar que cuando Dios penetra en el alma para iluminar el intelecto o inclinar la voluntad, lo hace siempre respetando la libertad personal: inclina, pero no fuerza. Inclina dando fortaleza, pero al mismo tiempo respetando la libertad.
La acción del demonio se limita a los sentidos.
Ciertamente, el demonio puede influir con sus pérfidas sugestiones, como decía Dídimo el Ciego, pero no puede tocar la libertad, que en sí misma tiene la fuerza de rechazar todo influjo.
Me alegra lo que me dices en el posdata de tu correo.
Te deseo todo lo bueno, y con gusto te recuerdo en la oración tanto a ti como a tus colegas.
Os bendigo.
Padre Ángel
Questo articolo è disponibile anche in:

