Buenos días Padre.
necesito su ayuda para entender cómo la voluntad de Dios obra en nuestra vida.
Vivimos en un mundo donde ocurren cosas: algunas de ellas no dependen de nosotros (ejemplo una tempestad que me arruina la cosecha) y otras que sí dependen de nosotros (por ejemplo salgo con Lucía y después con Beatriz y decido casarme con Beatriz).
Podría seguir infinitamente con los ejemplos.
¿Cuál es la voluntad de Dios en todos estos acontecimientos, y cómo se manifiesta?
¿Puedo decir que haberme casado con Beatriz, fue voluntad de Dios? O bien ¿a Dios le da igual con quien me case (alcanza con que yo sea feliz y le siga en el matrimonio)?
Lo mismo vale con la cosecha malograda a causa del mal tiempo: ¿para Dios no importa (o de todos modos no lo impide) si todo ha quedado destruido, lo importante es que no me aparte de Él en esa prueba?
Gracias.
Alessandro
Respuesta del sacerdote
Querido Alessandro,
1. no existe un designio preestablecido para nuestras elecciones.
Es cierto en cambio que Dios asume y respeta cuanto elegimos.
Cuando se llevan a cabo con rectitud, Dios las hace suyas.,
Es un poco como cuando le dijo a San Pedro: «Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo» (Mt 16,19).
Puesto que has decidido casarte con Beatriz, es voluntad de Dios que tú le dediques tu vida.
2. Dios no solamente respeta nuestras buenas decisiones sino que también las suscita sin quitarnos la libertad de elegir.
Dios es siempre la causa primera de todo.
Dice Santo Tomás: “Dios es la primera causa que mueve tanto las causas naturales como las voluntarias. Y así como al mover las causas naturales no impide que sus actos sean naturales, al mover las voluntarias, tampoco impide que sus acciones sean voluntarias. Por el contrario, hace que lo sean ya que en cada uno obra según su propio modo de ser” (Suma teológica, I, 83, 1, ad 3).
3. Hay que tener en cuenta que la voluntad de Dios se manifiesta de muchas maneras.
Santo Tomás menciona cinco:
obrando, como sucedió con la creación y los milagros de Cristo;
permitiendo el mal, no oponiéndose, por ejemplo la voluntad malvada del hombre o la rebelión de los ángeles;
ordenando, como cuando dispone a otros a que cumplan el bien, por ejemplo a través de los mandamientos y con sus sacramentos;
prohibiendo el mal;
aconsejando, persuadiendo a cumplir el bien (cfr. Suma teológica, I, 19, 12).
4. Aplicando estos criterios a los ejemplos que has hecho, podemos decir que Dios, respecto al matrimonio, aconseja ese determinado esposo o esa determinada esposa.
Lo aconseja a través de la atracción, la simpatía, la admiración de las cualidades de una persona y de sus virtudes.
Aconseja con la inclinación, no con la necesidad.
Inclina o aconseja de la misma manera en que para encontrar un objeto que se ha perdido en la oscuridad se prende una luz.
Encender la luz no es una coerción, sino una ayuda.
4. Puede ocurrir que alguien no actúe según el consejo de Dios, pero que se deje arrastrar por las pasiones o por interés. En este caso Dios lo permite.
Igualmente permite que alguien se case por el civil cuando anteriormente ya había contraído matrimonio, o bien permite males de tipo material, como por ejemplo un mal tiempo que arruina la cosecha.
5. Santo Tomás dice que estas cinco maneras con las que se manifiesta la voluntad de Dios, caben en esa plegaria que el Señor nos ha dado en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10).
Y concluye: “Se revela con total evidencia que el precepto, el consejo y la prohibición se dicen voluntad de Dios.
Luego que lo permitido y lo obrado se digan también voluntad de Dios se deriva de aquel pasaje de San Agustin: “Nada ocurre sin que el Todopoderoso quiera que suceda, o permitiendo que ocurra, o bien haciéndolo Él mismo”(Enchiridion, 95)” (Ib.).
6. Además: “Nada impide que respecto a la misma cosa alguien muestre su propia voluntad en diferentes maneras, tal como se usan nombres diversos para indicar una misma realidad.
Por lo tanto nada impide que una misma idéntica cosa sea objeto de precepto, de consejo y acción, como también de prohibición o permisión” (Ib., ad 1).
7. Aún más: “La persona humana es dueña de sus actos (…) así pues Dios la dispone a obrar voluntariamente por sí misma.
Las otras criaturas en cambio, actúan solo por estar movidas por acción divina: por lo tanto respecto a ellas no cabe otra cosa que la acción y la permisión» (Ib., ad 2).
Te bendigo, te deseo todo bien y te recuerdo en la oración.
Padre Angelo

