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Cuestión

Querido Padre Ángelo,

Siempre soy A. hace tiempo te escribí por una pregunta sobre el Génesis y la concepción de la mujer, por la que recibí una respuesta clara y esclarecedora de su parte. Te lo agradezco de todo corazón. Ahora me gustaría hacerte otras preguntas. Como ya dije hace tiempo, siempre he sido católica, pero durante años he sido poco solidaria y espiritualmente tibia. Desde la Semana Santa de 2018 he experimentado una especie de «gracia» que el Señor me ha concedido, por la cual he empezado a hacer muchas cosas de forma diferente y a educarme espiritualmente. Por todo lo anterior, de vez en cuando tengo dudas sobre diversos asuntos. Una de las cuestiones se refiere a la vanidad y sus límites. Soy una persona bastante sencilla, no me gustan muchas joyas y cosas, no me gusta seguir la moda, por ejemplo, pero suelo vestir con cosas con las que me siento cómoda y a gusto.

Pero de vez en cuando me gusta ponerme algo más bonito o elegir con más cuidado lo que me voy a poner (reconozco que antes no tenía demasiados escrúpulos, pero después de mi «despertar» he intentado en la medida de lo posible recuperarme y tener cuidado, eliminando lo que puede ofender a Dios). Este mayor cuidado lo utilizo cuando por ejemplo hay ocasiones de celebración etc. (hablo por ejemplo de ropa y pelo cuidados y con un bonito pliegue, zapatos altos…). ¿Se puede llamar a todo esto vanidad? ¿Acaso el Señor está contento conmigo? ¿O debo cambiar mi forma de actuar? ¿Estoy cometiendo un pecado? Me tomo muy a pecho el hecho de agradar a Dios….Sin embargo, en algunas ocasiones (más bien en el día a día) siento la necesidad de cuidar mi persona y mi aspecto, aunque sólo sea algo externo y aunque no me obsesione mi físico (y en esto os pregunto: ¿es correcto hacer actividad física? ¿Es correcto tratar de mantener una buena figura? Cuidar de uno mismo, en definitiva, pero con equilibrio, recordando que en todo caso somos polvo…). Es diferente cuando se trata de rezar, ayunar o dar limosna (incluso a la gente fuera del supermercado, por ejemplo) … Siempre tengo cuidado de no exteriorizar o presumir delante de los demás. Me basta con que Dios me vea y pueda ser verdaderamente feliz conmigo. 

Otra cuestión: las redes sociales. No soy una adicta a las redes sociales, pero de vez en cuando me gusta publicar fotos de paisajes, vistas de calles o incluso de mí misma. Dejando a un lado y sonriendo el hecho de que desgraciadamente no soy muy fotogénica, hay algunos «selfies» que me tomo de vez en cuando, que quizás se ven mejor y en los que me gusto, que luego público como foto de perfil, por ejemplo. (…). ¿Es lícito que me guste un mínimo de «aprobación/apreciación social» (no sé cómo definirlo), aunque sea con moderación, y que por tanto publique fotos de mi cara cuando estoy maquillada o quizá me he peinado bien, para ser apreciada por el sexo opuesto (o si hay un chico cuyo interés me gustaría atraer)? Disculpe el largo correo electrónico, tal vez sean cosas un poco triviales para preguntarle… sin embargo creo que, para merecer el Cielo y ver a Dios un día, hay que dejar de lado toda ligereza…

Te encomiendo con sincero afecto en mi oración y rezo por tu Orden. 

Un abrazo, A.


Respuesta del sacerdote

Querida,

1. para la primera pregunta: es correcto vestir mejor y también cuidar la persona en los días de fiesta. Cuando la madre de San Juan Bosco le vestía los domingos, le decía algo así: hay que hacerlo para honrar al Señor y también hay que vestirse bien por fuera, como signo de que hay ropas aún más bellas por dentro.

2. El propio Dios se preocupó por la ropa de nuestros antepasados. Tras el pecado original, Adán y Eva descubrieron que estaban desnudos y se cubrieron con hojas de higuera. Dios salió a su encuentro y los vistió con túnicas de pieles (Gn 3:21). De esto podemos deducir que Dios mismo quiere que el hombre se vista decentemente.

3. Esta necesidad de vestimenta se refiere a otra aún más necesaria: la de la gracia de Dios. Antes del pecado original, el hombre estaba revestido de él hasta tal punto que su corporeidad, aunque desnuda, no causaba vergüenza, sino que remitía directamente a la presencia de Aquel que habitaba en su corazón y que era el punto de partida y de llegada de todas sus acciones y de toda su vida.

4. Para el segundo: poner y renovar la foto en facebook en sí mismo es algo bueno. No sólo somos almas, sino también cuerpos. Y los cuerpos necesitan ver, necesitan sentir. Ver la foto de una persona es casi como conocerla, sobre todo si hace mucho tiempo que no la ves. Durante unos instantes tus pensamientos se fijan en ellos y recuerdas muchas cosas. A veces el pensamiento va acompañado de un deseo e incluso de una oración.

5. Renovar la foto también es algo hermoso. Muy a menudo hace partícipe a uno de momentos bellos o incluso importantes de su vida y anima a los visitantes a deleitarse con ellos. Es un signo de la vida que pasa, hace que uno comparta sus propias alegrías, sus propias acciones, sus momentos de ocio, sus propias excursiones. Esto también es una forma de comunión.

6. Sin embargo, no se puede negar que uno puede ser mezquino con su ropa y también con sus fotografías. Pero aquí también se aplica la sentencia del antiguo derecho latino: abusus non tollit usum (el abuso no prohíbe el uso).

7. Te deseo que camines cada vez más en los caminos de Dios. Será una fuente de alegría y bendición. Nunca tendrás que arrepentirte.

Te agradezco las oraciones que haces por mí y por la Orden Dominica a la que pertenezco. Yo te correspondo con gusto.

Te deseo todo lo bueno para el nuevo año (2020) y te bendigo.

Padre Ángelo