Questo articolo è disponibile anche in: Italiano Inglés Español Portugués

Querido Padre Angelo,

Soy …. y tengo 2… años. Le escribo porque he dado con su página web por casualidad, mientras buscaba algunas aclaraciones en la parte buena de internet. Ya te anticipo que mi situación es muy particular, y no he podido encontrar una respuesta que me dé la serenidad que busco. En el día de hoy, 03/09/2019 he acudido a un sacerdote para confesarme después de cometer un pecado muy grave. El pecado del que hablo, y del que me arrepiento amargamente, es el de impureza cometido con otro chico del mismo sexo que yo, que tenía 17 años. Me gustaría especificar que no fue una relación sexual completa.

Mientras me confesaba dije que había cometido actos impuros, pero el sacerdote me interrumpió preguntándome si esos actos habían sido cometidos a solas o con otras personas, y le respondí que había cometido actos impuros tanto a solas como con otras personas, pero no especifiqué el sexo. El sacerdote, después de aconsejarme correctamente, me dio la absolución. Una vez de vuelta en mi coche, mientras me dirigía a casa, sentí una gran culpa dentro de mí, temía no haber hecho una buena confesión, y por tanto haber cometido un sacrilegio. En la tarde del mismo día, me reuní en oración y decidí hacer un buen examen de conciencia, y para tratar de no olvidar nada y confesar bien todos los pecados, escribí mis pecados en un papelito. Así que fui a un santuario… y pedí confesión.

Y fue justo aquí donde ocurrió lo imprevisible. En cuanto comenzó la confesión, dije inmediatamente que la confesión reciente había sido en la mañana de ese mismo día, por lo que el sacerdote interrumpió inmediatamente la confesión, dijo que la anularía, de lo contrario habría cometido un pecado muy grave, a saber, el de no creer en el poder de la Gracia de Dios.

Este sacerdote me dijo entonces que aunque hubiera omitido algo, no debería tener ningún problema, el Señor ha perdonado todos mis pecados, incluso los definidos como «virtuales» y no entendí a qué se refería con el adjetivo «virtual». Inmediatamente especifiqué que había omitido decir que la persona con la que había realizado un acto impuro era del mismo sexo que yo, y él, sin embargo, reiteró que la confesión realizada era en cualquier caso válida, y que la absolución había eliminado todo pecado, por lo que yo estaba en estado de gracia en ese momento. Siempre este mismo sacerdote, me decía que era profesor y que me decía estas cosas en base a la teología, y en base al derecho canónico, que impone al confesor no investigar sobre el penitente. Ahora me encuentro en un estado de gran confusión y dolor. Por lo tanto, deseo tu ayuda, y te pido:

-¿Es válida mi confesión? ¿O debo volver a confesarme y decir todo?

-Para confesar un acto homosexual impuro, ¿basta con decir: «He cometido actos impuros con otras personas», o es necesario especificar que son personas del mismo sexo?

-¿Son ciertas las cosas que me dijo el sacerdote?

-¿Será que los excesivos escrúpulos que tengo me hacen pensar que Dios no ha perdonado todos mis pecados?

Concluyo diciendo que no me considero un chico homosexual, ya que no frecuento comunidades de ese tipo, soy muy cristiano y practicante, y la caída de anoche, se debe a un momento de debilidad por un periodo triste que estoy pasando. Creo que es una tendencia, así que me comprometo con la oración y la ayuda de Dios a abandonar esta situación para siempre.

Le agradezco la respuesta que me dará, mientras tanto le doy mis más cordiales saludos.


Querido,

1. Siento mucho lo que pasó en la segunda confesión, cuando fuiste a confesarte en otra iglesia. A ese sacerdote le  hubiera costado muy poco recibirte con paciencia y dulzura. En el confesionario, el sacerdote debe ser una imagen viva de Jesús el buen pastor y de la misericordia divina.

2. Entiendo en parte su primera reacción en cuanto se enteró de que te habías confesado por la mañana. Puede haber pensado: esta es una persona escrupulosa que se confiesa varias veces al día. Pero incluso en este caso debería haber escuchado el motivo de la confesión porque en su caso no era una cuestión de escrúpulos.

3. Cuando acudiste al primer confesor fuiste demasiado general al decir «he cometido actos impuros». Puesto que el sacerdote en la confesión es también el médico de las almas, ¿cómo puede dar un consejo adecuado si no sabe exactamente de qué se trata? Al escuchar sus palabras podría pensar en autoerotismo, en impureza prematrimonial…En su caso, sin embargo, se trataba de actos impuros de homosexualidad. Como ves, es una circunstancia tan relevante que cambia la especie del pecado. Era su deber acusar también este aspecto.

4. Así que le correspondía volver a confesarse y decir «he cometido actos impuros con otras personas del mismo sexo». Y el sacerdote debía darle la absolución. Le hubiere costado tan poco…

5.  Ese sacerdote dijo que era un profesor. Aparte de que no era necesario que se diera ese calificativo, sin embargo, está mal lo que te dijo. La disciplina eclesiástica prohíbe investigar el nombre del cómplice, pero no hacer la confesión completa. En otras palabras, el sacerdote no podía pedirte que le dijeras quién era el chico con el que realizabas actos impuros. Pero es su deber hacer que la confesión sea completa y comprensible, por el bien del penitente.

6. Por lo tanto, el suyo no fue un escrúpulo excesivo. Era lo que había que hacer. Y por eso te sentiste inquieto.

7. Comprométete a no volver a recaer en este u otro pecado de impureza. Son caídas, y las caídas siempre duelen. Nunca hacen crecer a uno.

8. Ahora volvamos al cura porque te ha dicho que es profesor y que en base a la teología y en base al derecho canónico no debe investigar al penitente. Aquí ese sacerdote se equivocó porque la Iglesia le exige no investigar el nombre del cómplice en el pecado. Pero en lo que se refiere a la confesión misma, el sacerdote puede y debe ayudar al penitente a hacer una confesión correcta haciendo las preguntas que considere oportunas para la validez y la fecundidad del Sacramento.

Te aseguro mis oraciones, te deseo todo el bien y te bendigo.

Padre Ángelo