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Buenas noches, padre,

¿podría darme algunas sugerencias sobre cómo vivir una vida cristiana para obtener un alto nivel de gloria en el paraíso?

¿Cómo puedo acercarme a Jesús y a la Virgen en el paraíso? ¿Cómo puedo acumular tanta gloria para aproximarme a ellos en el paraíso?

Me gustaría recibir sugerencias que me permitan mejorar.

Muchas gracias.


Querido,

El grado de gloria en el Paraíso será proporcional al grado de caridad que hayamos alcanzado en la tierra. Jesús nos recuerda, en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, que el juicio final tendrá que ver con la caridad: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; …”

2. Para no ser malinterpretado, es importante recordar lo que es la caridad, que no debe identificarse con la limosna, aunque ésta sea una expresión de la misma.

3. La caridad indica el modo de amar propio de Dios y el modo de amar de quienes han recibido este don de Dios.

Esto lo dice claramente San Pablo en Rm 5,5 cuando afirma que “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que se nos ha dado”.

4. Por tanto, la caridad tiene como objeto a Dios.

Es una virtud teologal precisamente por eso: porque su objeto es amar a Dios.

5. Pero amar significa dar.

Inmediatamente surge un problema: ¿qué podemos dar a Dios?

Sobre todo, porque todo lo que tenemos o podemos hacer viene de Él.

6. Podemos darlo a aquellos que aún no lo poseen.

Aquí el amor a Dios se cruza con el amor al prójimo porque el amor a Dios genera el amor al prójimo y el amor al prójimo preserva el amor a Dios.
Esto lo atestigua claramente San Juan cuando dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Mesías, es hijo de Dios; y el que ama a un padre, ama también a los hijos de ese padre” (1 Jn 5,1).
Y también: «Nosotros amamos porque Él nos amó primero. El que dice: “Yo amo a Dios”, pero al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues quien no ama a su hermano, al que ve, tampoco puede amar a Dios, al que no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano” (1 Jn 4,19-21).

7. Mostramos nuestro amor a Dios a través de nuestra dedicación al prójimo para que tenga todo lo que necesita, de modo que Dios pueda habitar en él y él en Dios.

Es un amor que parte de las necesidades más concretas, como nos enseña Santiago: “Supongamos que a un hermano o a una hermana les falta la ropa y la comida necesarias para el día; si uno de vosotros les dice: «Que os vaya bien; abrigaos y comed cuanto queráis» pero no les da lo que su cuerpo necesita, ¿de qué les sirve? Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta” (Stg 2,15-17).

8. Parte de las necesidades concretas, sí, pero no se detiene ahí porque quiere dar al prójimo el mayor bien, que es Dios.

Por eso Santo Tomás dice que «el motivo para amar al prójimo es Dios: en efecto, “en el prójimo hay que amar su inserción en Dios: de lo que se deduce que el acto de amar a Dios es el mismo que el acto de amar al prójimo.” (Suma teológica, II-II, 25, 1).
Por lo tanto, sólo amamos al prójimo con el amor de la caridad cuando finalmente queremos entregarle a Dios.

Por lo demás, se trata de un amor humano, bueno hasta dónde llega, pero aún no de orden divino.

Por eso Santo Tomás especifica: “El prójimo es amado con el amor de la caridad porque Dios vive en él y porque él vive en Dios. En consecuencia, es evidente que con el mismo hábito de caridad amamos a Dios y al prójimo. Sin embargo, si amamos al prójimo por su propio bien y no por amor a Dios, nuestro amor pertenecería a otro orden: por ejemplo, al amor natural o político.” (Quaest. disp. de caritate, a. 4).

9. Te he mostrado el camino para aumentar la gloria del Paraíso.

Es el camino del amor de Dios que, de hecho, toma la forma del amor al prójimo, de la caridad.

De esa caridad que según la Sagrada Escritura es “magnánima, benévola, no tiene envidia, no es presumido, no ser orgulloso, no grosero o egoísta, es no enojarse ni guardar rencor, no se fija en el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra de la verdad. Por el contrario, lo excusa todo, lo cree todo, lo espera todo, lo soporta todo” (cfr. 1 Cor 13,4-7).
Es un camino hermoso. Vale la pena recorrerlo de la mejor manera.

Con este deseo, te recuerdo al Señor y te bendigo.

Padre Angelo


Traducido por SusannaF