Querido Padre Angelo,

Aprovecho esta oportunidad para agradecerle su valioso servicio y para agradecer junto con usted a su orden religiosa que durante siglos ha defendido nuestra fe y su razonabilidad. Después de un largo tiempo alejado de la Iglesia, en los últimos cinco años he vuelto a ser un católico practicante y he redescubierto el amor de Cristo, además he emprendido el estudio de la teología. Siendo joven y estudiando esa materia, a menudo me encuentro discutiendo con muchos de mis compañeros que desgraciadamente no son creyentes y también con los que estudian ciencias naturales o filosofía (por supuesto que está lleno de niños creyentes que estudian ciencia y filosofía, pero son los ateos los que se burlan de mí). El problema es que no soy ni físico ni filósofo (el bachillerato en teología proporciona una buena formación básica, pero por sí solo no es suficiente para tratar temas específicos), por lo que a veces me siento avergonzado y me doy cuenta de que no tengo las herramientas adecuadas para dar razón de mi fe.

Dos preguntas en particular me han encontrado desarmado últimamente. Me doy cuenta de que son preguntas muy articuladas, pero si pudiera incluso sugerir una respuesta o darme alguna indicación de cómo encontrarla, le estaría infinitamente agradecido.

1. Me han dicho que el pensamiento de Emanuele Severino es una verdadera bomba lanzada a la filosofía occidental y al propio cristianismo. En particular sobre el concepto de creatio ex nihilo. ¿Es esto cierto? ¿Puede el pensamiento cristiano rebatir de alguna manera?

2. Se me ha dicho que, para la cosmología moderna se hace superflua una Creación, también porque probablemente lo que causó el big bang fue una fluctuación del vacío cuántico que podría ser eterno y por lo tanto infinito, sin principio. Sé que la ciencia y la religión deben estar en dos niveles diferentes y que esta afirmación es completamente arbitraria, además basada en la especulación y no en la evidencia, pero le pregunto: creatio est relatio dijo Tomàs, ¿cómo enmarcar esta verdad en el debate contemporáneo?

Le pido perdón por adelantado por tan vastas preguntas, me conformaría incluso con algunas indicaciones generales.

Le recuerdo en la oración y Le saludo con gran estima,

Edoardo


Respuesta del sacerdote

Querido Edoardo,

Mientras tanto, felicito al Señor y le doy las gracias porque una vez más ha abierto una brecha en tu corazón hasta el punto de que has empezado a estudiar teología. Respondo con gusto a tus dos preguntas que nos hacen volar alto con la filosofía. Y me disculpo con nuestros visitantes por la abstracción del tema.

1. Me dices que te han dicho que el pensamiento de Emanuele Severino es una verdadera bomba lanzada a la filosofía occidental y al mismo cristianismo. En particular sobre el concepto de creatio ex nihilo. Con todo el respeto a Emanuele Severino tengo la impresión de que esta bomba que habría lanzado hace casi sesenta años aún no ha explotado porque nadie se ha dado cuenta, nadie habla de ella. Si fuera una bomba tan devastadora no habría nada más que hablar de otra cosa.

2. Pero aparte de esta consideración, ¿qué dice en esencia E. Severino? Por lo que he entendido, este filósofo diría que todo, es decir, el ser en sí mismo, está en perpetuo devenir. En consecuencia, diría que no es necesario poner una distinción entre el ser creado y la realidad creada porque el ser en sí mismo es por su naturaleza perpetuamente mutable. Toda la historia del pensamiento, empezando por Platón (con su distinción entre el bien supremo y el bien mutable, este último formado por un demiurgo a imagen de lo que es perenne) y continuando con Aristóteles (que estableció una distinción entre el motor inmóvil, también llamado acto puro, y las realidades que están en devenir) se habría desviado del principio establecido por Parménides de que la entidad (lo que existe) es entidad (existente) y no puede ser inexistente.

De ahí la eternidad del mundo.

De ahí la negación de la realidad del acto de creación.

De ahí la negación de una vida trascendente.

De ahí la negación de la ética, es decir, de una ley moral. No nos sorprende encontrar entre sus “frases más famosas” también ésta: “La ética es una de las formas extremas de violencia, porque es la administración del devenir, en vista de la realización de los propósitos que se consideran adecuados para la plena realización del hombre”.

3. Severino también dice que Parménides mismo se equivocó porque después de afirmar que el ente es ente, negó el movimiento, el devenir. Mientras que para Severino el movimiento sería estructural al ser él mismo. Con esto Severino no dice de regresare a Parménides, sino de regresar desde la intuición de Parménides y de replantear sobre este ser, del que casi nadie en el transcurso del tiempo habría entendido nada (evidentemente ni siquiera Jesucristo).

4. Pero ahora llegamos a la afirmación de Severino de que el ser es eterno. Hay que preguntarse de qué ser está hablando. Porque ante nuestros ojos no hay el ser en sí mismo, sino que hay cosas, es decir, las realidades existentes. Todas estas realidades existentes son limitadas y finitas y ninguna de ellas tiene el ser en sí misma. Cada una lo ha recibido y cada una está destinada a perderlo a pesar de la fuerte inclinación a preservarlo. Ahora bien, ¿cómo se puede concebir un mundo de seres de los cuales todos han recibido la existencia mientras que no hay nadie que la haya dada?

5. Si Severino dice entonces (pero no lo hace) que el ser existe independientemente de los seres individuales existentes, se tendría que preguntar cuál sería la diferencia entre este ser así concebido y Dios. Porque siempre habría una distinción entre el ser (que en sí mismo es el existente) y los seres individuales que “tienen” existencia.

6. Ahora llegamos a la posibilidad de la eternidad del mundo. Santo Tomás reconoce que el mundo podría ser eterno. De hecho, dice que nadie puede racionalmente afirmar o negar la eternidad del mundo. Sin embargo, aunque fuera eterno, hay que recordar que el concepto de eternidad no excluye el de creaturalidad. Este mundo, aunque fuera eterno, tendría que justificar su propria existencia porque podría también no existir. Pero si existe y podría no existir, significa que no tiene existencia por sí mismo, sino que la tiene de otro.

De lo contrario lo tendría para siempre y lo guardaría para siempre.

7. Según Santo Tomás “que el mundo no haya existido siempre (es decir, que tuvo un principio) se afirma sólo por la fe (quod mundum non semper fuisse, sola fide tenetur), y no se puede probar con argumentos convincentes: como hemos dicho antes con respecto al misterio de la Trinidad” (Suma Teológica, I, 46, 2).

Con esto, Santo Tomás quiere decir que desde un punto de vista filosófico no hay argumentos convincentes ni para decir que el mundo siempre ha sido y es eterno ni para decir que tuvo un comienzo.

8. Anteriormente Santo Tomás se había preguntado como objeción si la universalidad de las criaturas que llamamos el mundo sea eterna. Y así es como presenta la objeción (si prestan atención, suenan como las palabras de E. Severino o Parménides): “Todo lo que comenzó, antes de que existiera, era capaz de llegar a existir: de lo contrario, habría sido imposible que se produjera. Por lo tanto, si el mundo comenzó a existir, antes de comenzar era una cosa capaz de existir. Ahora bien, lo que tiene capacidad de existir no es otra cosa que la materia prima, que está en potencia a ese ser que viene a existir por medio de la forma, y a ese no ser que se produce por medio de la privación. Si, por lo tanto, el mundo comenzó a existir, en la precedencia había la materia. Pero la materia no puede existir sin la forma: y la materia del mundo con su forma no es más que el mundo. Por lo tanto, el mundo habría existido antes de empezar a existir: lo cual es absurdo” (Suma Teológica, I, 46, 1, ob. 1).

9. A esta objeción, a decir verdad, especiosa, Santo Tomás responde: “Antes de que el mundo existiera eso era posible, pero no en virtud de una potencia pasiva, como lo es la materia, sino en virtud de la potencia activa de Dios. O bien era posible, como cuando usamos el término posible, no en orden de una potencia real, sino sólo por la asociabilidad de los términos [mundo – existencia], los cuales no son mutuamente excluyentes; ósea, en el sentido de que el término posible se opone al absurdo” (Suma Teológica, I, 46, 1, ad 1). De hecho, para Santo Tomás no hay ninguna evidencia racional o filosófica que diga que el mundo tuvo un comienzo. No hay ninguna por parte de las criaturas ni por parte de Dios. Por parte de las criaturas: porque el mundo considerado en sí mismo siempre fue posible: la posibilidad intrínseca de una cosa se fundamenta en su naturaleza, y la naturaleza como tal se abstiene del tiempo. Del mismo modo, si consideramos la libre y omnipotente voluntad de Dios, la causa eficiente del mundo está fuera y por encima de todo el tiempo. Dios podría haberlo sacado de la nada ab aeterno. Tampoco nos repugna que el efecto sea contemporáneo a la causa, si la causa es tal que puede actuar instantáneamente, como es el caso de Dios, que es omnipotente.

10. En conclusión, no sería difícil decir que el mundo es ab aeterno porque, aunque es eterno siempre será una criatura. Sabemos que tuvo un comienzo sólo por fe, como, por ejemplo, de manera indirecta, nuestro Señor afirmó cuando dijo: “Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera” (Juan 17:5).

Pero incluso en el caso de que sea ab aeterno debe ser distinguido el concepto de eternidad del de creaturalidad. Mientras que es posible en sí mismo que el mundo sea eterno, no es posible en cambio que no haya sido creado. Y esto porque las realidades individuales que existen tienen existencia y no son existencia. Si existieran, las realidades individuales lo habrían tenido todo el tiempo y lo mantendrían para siempre. Sería tan intrínseco a ellas como para ser imperdible, inalienable.

Así que aquí está la bomba que no explotó. Santo Tomás ya lo había desactivada. Le agradezco las preguntas que me ha hecho, le recuerdo con gusto al Señor y le bendigo.

Padre Ángelo

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