Buenos días, Padre.
Mientras buscaba varios videos, encontré uno que dice que Dios puede perdonar todos los pecados cometidos contra Él, y por supuesto, confesados, pero no puede perdonar los pecados cometidos contra otros como nosotros a menos que pidamos perdón al prójimo al que creemos haber ofendido o dañado.
Gracias, Padre, por su respuesta.
Antonio
Respuesta del Sacerdote
Querido Antonio:
1. En efecto, así es, tal como lo has leído.
Estas palabras pueden parecer duras, pero probablemente recuerdes lo que dijo Jesús en el Sermón de la Montaña: “Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.” (Mt 5, 23-24).
2. No es difícil entender por qué el Señor quiere esto.
Cuando amas a alguien y lo amas profundamente, te sientes instintivamente atraído a amar y respetar a las personas que aman a quienes tú amas.
Esto es aún más cierto para el Señor.
Las personas a las que les guardas cierta mala voluntad son amadas por Dios; todo lo que tienen viene de Dios; Dios las preserva en la existencia momento a momento. Dios desea para ellas la mayor de las bendiciones, a saber, la comunión con Él y con todos los que están en el cielo.
Santo Tomás dice: “Del amor de Dios sigue en el hombre por necesidad el amor de los hombres. En efecto, quien ama verdaderamente al amigo, también ama las realidades que le pertenecen, y dado que cada hombre es una cierta imagen de Dios y es potencialmente capaz de gozar de Él, es necesario que quien ama a Dios ame también al prójimo.” (Santo Tomás, Contra Gentiles, III, c. 130).
Entendemos, entonces, por qué Jesús dijo: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros.” (Jn 13, 34) y: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.” (Jn 15,12).
3. Supón que eres un artista con cierto mérito. Si alguien se acerca y te dice que te aprecia, y luego habla mal de tus obras, o peor aún, las destruye, ¿cómo puede decir que te ama?
Ciertamente, el Señor no quiere que amemos la maldad de nuestro prójimo.
Sin embargo, quiere que lo amemos y que no haya maldad en él.
4. Por eso, en la Sagrada Escritura encontramos afirmaciones como estas de San Juan, el apóstol del amor: “Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad.” (1 Juan 3; 18).
Y: “Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.” (1 Juan 4; 19-21).
5. Por lo tanto, estamos llamados a amar a nuestro prójimo porque pertenece a Dios.
Y debemos desearle el bien que Dios desea para él.
6. Por esta razón, Santo Tomás dice: “La razón del amor al prójimo es Dios, pues lo que debemos amar en el prójimo es que exista en Dios. Es, por lo tanto, evidente que son de la misma especie el acto con que amamos a Dios y el acto con que amamos al prójimo. (Suma Teológica, II-II, 25, 1).
Y “El prójimo es amado con el amor de la caridad porque Dios vive en él y porque él vive en Dios. En consecuencia, es evidente que con el mismo hábito de caridad amamos a Dios y al prójimo.” (Quaest. disp. de caritate, a. 4).
7. De todo esto se desprende una conclusión muy importante: si queremos saber cuánto amamos al Señor, podemos deducirlo de cuánto amamos al prójimo.
Si amamos poco al prójimo, significa que también amamos poco a Nuestro Señor.
De ahí la necesidad de mantener nuestro corazón purificado.
Puede suceder que la reconciliación física inmediata no sea posible, porque los sentimientos aún están muy acalorados, y un intento de reconciliación podría causar nuevos malentendidos e incluso un resentimiento renovado.
Pero el deseo y la voluntad de reconciliación deben estar siempre presentes en nuestros corazones.
Con la esperanza de que perfecciones cada vez más tu amor a Dios y, al mismo tiempo, ames a tu prójimo, te bendigo y te recuerdo en mi oración.
Padre Angelo
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