Estimado padre,
en un episodio del Evangelio le preguntan a Juan Bautista si él era el Cristo y contesta que no; si fuese Elías y contesta que no; si fuese el Profeta y otra vez responde no.
Seguidamente dice que es “la voz que grita en el desierto”.
Mi pregunta es la siguiente: ¿quién es esta figura misteriosa que llaman “el Profeta”?
Según el texto pareciera alguien distinto respecto al Mesías y a Elías.
¿Es tal vez una figura que aún debe manifestarse en relación con la segunda venida de Cristo?
Desde ya le doy las gracias.
Le abrazo en el Señor
Respuesta del sacerdote
Muy querido,
1. para comprender el significado de la pregunta es preciso examinar el contexto.
Las circunstancias están indicadas por San Juan en Jn 1, 25.
Quienes plantean esta pregunta venían de Jerusalén y San Juan observa que fueron mandados por los fariseos.
En efecto dice: “Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»” (Jn 1, 24-25).
2. Le preguntan a Juan si él es el Profeta ¿Qué Profeta?
El que todos esperaban y que había sido anunciado por Moisés, precisamente calificado como Profeta cuando había dicho: “El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo harás surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán” (Dt 18, 15).
La Biblia de Jerusalén explica que: “Los Judíos esperaban al Mesías como a un nuevo Moisés, el profeta por excelencia, que habría renovado cien veces los prodigios del Éxodo”.
Era bien evidente que Juan Bautista no obraba prodigios o milagros y por lo tanto no podía ser el Mesías.
3. ¿Por qué entonces le preguntan si ya lo saben de antemano que él no es el Profeta?
Dice Santo Tomás: “Si prestas atención te darás cuenta de que ellos no preguntan para saber, sino más bien para impedir.
Viendo a la multitud del pueblo que acudía donde Juan, para recibir el nuevo rito del bautismo, diferente del de los fariseos y de la ley, se carcomían de envidia por él y hacían de todo con tal de impedir que bautizara.
Y al no lograr contenerse, manifiestan abiertamente su envidia, diciendo: «¿Por qué bautizas, si no eres ni el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?»
Es como si dijeran: no tienes que bautizar, puesto que niegas ser uno de los tres personajes en los que había sido prefigurado el bautismo.
En otras palabras: si tú no eres el Cristo a quien debía pertenecer la fuente de la purificación de los pecados, si tú no eres Elías, ni el profeta Eliseo, quienes cruzaron el Jordán con sus pies secos según narra el libro de Reyes (2 Re. 2, 8), ¿cómo te atreves a bautizar?” (Comentario a Jn 1, 25) (traducido por el traductor)
3. Juan responde: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia». (Jn 1, 27-28).
Santo Tomás así comenta: “No deben sorprenderse si yo bautizo no obstante no sea ni Cristo, ni Elías, ni el Profeta; porque mi bautismo no es definitivo y perfecto, sino imperfecto”.
De hecho el bautismo para que sea perfecto debe purificar ya sea el cuerpo que el alma.
Ahora bien el cuerpo en el orden natural se lava con el agua, mientras que el alma se purifica solamente con el espíritu.
Por lo tanto “yo bautizo en el agua”, es decir lavo el cuerpo con el elemento corporal, pero llegará otro que bautizará de forma perfecta, es decir en el agua y en el Espíritu Santo. Será Dios y el hombre: él lavará el cuerpo con el agua y el espíritu con el Espíritu; de manera que se infundirá en el cuerpo la santificación del espíritu”.
4. Como puedes ver, no es lo que has supuesto.
Debemos deducir que el comentario de Santo Tomás es perfecto.
Es difícil encontrarlos entre nuestros mejores exégetas (intérpretes).
Te bendigo, te recuerdo en la oración y deseo todo bien.
Padre Angelo
Questo articolo è disponibile anche in:
Italiano
Inglés
Portugués

