Buenos días Padre Angelo,
quisiera una información acerca del valor que tiene la bendición que el Papa da a través del pergamino. La ocasión es para felicitar a un matrimonio católico, pero ya que cuesta bastante, quería asegurarme que se trata de una bendición diferente respecto a la que puede ser impartida por cualquier sacerdote.
Que Dios lo bendiga.
Maria
Respuesta del sacerdote
Muy querida,
1. la bendición no es un sacramento, sino un sacramental.
Los sacramentos tienen una eficacia que es independiente de quien los celebra. Por eso, por ejemplo, la consagración celebrada por el Papa durante la Misa o su absolución en el sacramento de la penitencia, no tienen una eficacia mayor que la del más humilde sacerdote de este mundo.
La razón es que en los sacramentos el celebrante principal es Jesucristo y tanto el Papa cuanto el más humilde de los sacerdotes son solamente ministros, canales.
Por eso en teología se dice que los sacramentos tienen eficacia ex opere operato.
2. En cambio las bendiciones, ya que son sacramentales, son obra de la Iglesia y tienen eficacia ex opere operantis, es decir dependen de la santidad y también del rol que se tiene en la Iglesia.
3. Por lo dicho, la bendición de un sacerdote santo dona más que la que da un sacerdote que desgraciadamente esté en pecado mortal, si bien no obstante ello, algún efecto produce porque con él obra toda la Iglesia.
4. Ahora bien, indudablemente por el oficio que ejerce, la bendición del Papa tiene un efecto mayor.
Jesús le dio el encargo de apacentar corderos y ovejas, es decir a fieles y pastores. En la persona de Pedro también afirmó: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo» (Mt 16,19).
Este poder no se lo concedió a los apóstoles de forma individual. Se lo dio solo a Pedro. Se lo dio a los apóstoles solamente si están todos juntos, con Pedro y bajo Pedro: «Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo» (Mt 18,18).
5. En los Hechos de los Apóstoles leemos que todos los Apóstoles cumplían milagros y signos, pero Pedro hacía algunos que otros no cumplían.
Solo de él leemos que su sombra tenía el poder de sanar.
He aquí el texto: “Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres.Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados” (Hech 5, 12-16).
6. Con gusto recuerdo el testimonio de una monja dominica cuando recibió por primera vez a través de la radio, la primera bendición del Papa Juan XXIII desde el balcón de la basílica de San Pedro. Instantáneamente quedó liberada de la enfermedad que la afligía. Indudablemente cooperó también la fe con la que recibió la bendición. Probablemente nunca había escuchado hablar del cardenal Roncalli. Estaba ansiosa por recibir la bendición del Papa, cualquiera fuera él.
7. Santo Tomás dice que la bendición del obispo tiene el poder de perdonar los pecados veniales. Mucho más evidentemente, este poder lo tiene quien es el obispo de los obispos, el Papa.
Textualmente dice: “Para la remisión del pecado venial no se requiere, como acabamos de ver, una nueva infusión de la gracia, sino que es suficiente un acto procedente de la gracia por el que el hombre detesta su pecado explícita o, por lo menos, implícitamente, como sucede cuando uno es impulsado fervorosamente hacia Dios. Por consiguiente, una práctica piadosa produce la remisión de los pecados veniales, de tres maneras.
Primera, en cuanto que con ella se infunde la gracia, ya que con la infusión de la gracia se borran los pecados veniales, como acabamos de decir. Y, en este sentido, se perdonan los pecados veniales con la eucaristía, la extremaunción y, en general, con todos los sacramentos de la nueva ley, mediante los cuales se comunica la gracia.
Segunda, en cuanto va acompañada de la detestación de los pecados. Y, en este sentido, la confesión general, los golpes de pecho y la oración dominical producen la remisión de los pecados veniales, porque en la oración dominical pedimos “perdona nuestras ofensas”.
Tercera, en cuanto va acompañada de un movimiento de reverencia hacia Dios y hacia las cosas divinas. Y, en este sentido, la bendición episcopal, la aspersión del agua bendita, una unción sagrada, la oración en una iglesia consagrada y cualquier otra práctica semejante producen la remisión de los pecados” (Suma teológica, III, 87, 3).
8. Hay que decir que no son muy costosas porque la bendición no se puede pagar.
Se contribuye sin embargo, con una libre oferta porque el pergamino y el despacho por correo tienen un coste.
Sobre todo se colabora en las obras de caridad del Papa que provee en todo el mundo en casos de calamidades o para ayudar a las personas necesitadas.
Te deseo todo bien, te bendigo y recuerdo en la oración.
Padre Angelo
Questo articolo è disponibile anche in:
Italiano
Inglés
Portugués

