Hola Padre Angelo,
Quería escribirle esto que llevo conmigo desde hace tiempo, por lo que habrá podido leer en mis antiguos correos soy un chico de casi 16 años, y tengo un pasado futbolístico en el equipo de mi ciudad donde jugué de pequeño y luego volví el año pasado después de un parón porque ya no encontraba la motivación, desgraciadamente siempre por motivación volví a dejarlo diciendo en su momento que había terminado con el fútbol.
Este año encontré la fe que había perdido hace muchos años y paso mis días rezando el Rosario y otras oraciones además de cumplir con mis actividades diarias, en estos meses me pregunté qué podría hacer cuando fuera grande y me vino a la mente el sacerdote o el fraile, sé muy bien que es una elección delicada y hay que tener una vocación que todavía debo encontrar, pero también me pregunté ¿qué pasaría si volviera a jugar al fútbol tratando de apuntar alto gracias a la fe y a Jesús que siempre está a mi lado? Definitivamente me encontraría mejor jugando, y no perdería la motivación, porque sé que Jesús está conmigo si hago su voluntad, muchos dicen que a los 16 años es muy tarde para volver a empezar y no se llega a ningún lado sobre todo en la zona donde vivo, pero repito y de esto estoy seguro, teniendo a Jesús al lado se pueden alcanzar metas que nadie sin fe podría alcanzar, obviamente hay que ser humilde, honesto, respetuoso, educado, cristiano…
También me preguntaba, Padre Angelo, si Jesús aceptaría mi elección de seguir el fútbol en lugar del sacerdocio (si encuentro mi vocación), porque siempre me he dicho: “si tuviera mucho dinero, siempre lo donaría y ayudaría a la gente”, así que, si emprendiera una gran carrera, seguramente querría ayudar mucho y siempre permanecería unido a Jesús, porque sé que Él me dio todas estas cosas.
Gracias Padre Angelo, que el Señor le bendiga.
Respuesta del sacerdote
Queridísimo,
1. Me alegro por el fuego que se ha encendido dentro de ti desde el momento en que recuperaste la fe.
Tal vez el Señor quiso que la motivación por el fútbol, que era tu mayor anhelo cuando eras más joven, se apagara al menos temporalmente, hasta el punto de olvidar los objetivos superiores de la existencia, como los que indica la fe en Cristo.
Ahora pasas tu día, además del cumplimiento exacto de tu deber, en estar unido al Señor, con Nuestra Señora, con el Cielo, con toda la humanidad a través del Santo Rosario y otras oraciones.
2. Al unirnos a Dios y elevarnos, la oración da gran aliento a nuestra vida.
Creo que puedo decir que la oración es como un pequeño Pentecostés diario.
El día de Pentecostés los apóstoles se sintieron renovados, transformados, llenos del Espíritu Santo y de valor.
Todo esto sucede en la oración.
3. Esto también está sucediendo en ti.
En primer lugar, hay una renovación interna. Es como darle un poco de agua a una planta sedienta y ésta recupera rápidamente sus fuerzas.
Sin darnos cuenta, también se produce una transformación porque los objetivos más profundos de nuestra existencia aparecen de nuevo con claridad. Es como dar un giro hacia el centro.
Para un cristiano pues, sobre todo si se une a los acontecimientos de la vida de Jesús contemplados en el Rosario a través del mejor observatorio que es el de la mente y el corazón de María, se llena del Espíritu Santo que viene con sus siete dones y con sus frutos.
Quizás en ese momento uno no presta atención a los dones y frutos, pero los experimenta de manera casi imperceptible.
Creo que es precisamente por eso que te gusta llenar tus días con rosarios y otras oraciones.
Estás experimentando lo que la liturgia de la Iglesia llama la iluminación del Espíritu Santo, el gusto por las cosas de Dios y el consuelo del alma.
Todo esto repercute beneficiosamente en el resto de nuestra vida porque es como una recarga de energía y fuerza para el exacto cumplimiento de nuestro deber y para aprovechar al máximo los talentos que Dios nos ha dado.
4. Te recomiendo, pues, que protejas y cultives el fuego que el Señor ha encendido en ti.
No tienes que volver atrás respecto a lo que estás experimentando.
Es demasiado importante para ti y también para todos aquellos con quienes el Señor te permita encontrar, porque bien se ha dicho que cuando un alma ora, no sólo se eleva a sí misma, sino que consigo misma eleva al mundo entero.
5. El Señor te iluminará sobre el futuro de tu vida a través de palabras, señales y acontecimientos.
Estoy seguro de ello.
6. Si llegases a ser un gran jugador, sí, podrás ganar mucho dinero, llevar la luz del Señor a ese entorno y ayudar a mucha gente con tus limosnas.
Pero si tomas el camino del sacerdocio puedes dar a una multitud de niños, jóvenes, adultos y ancianos bienes inmensamente mayores porque puedes santificar las almas mediante la celebración de los sacramentos, puedes perdonar los pecados, dar a Dios y llevar a muchos a la salvación eterna.
Tampoco puedes ser jugador para siempre. A lo sumo, lo serás durante un puñado de años.
Si te haces sacerdote o fraile, podrás hacer el bien a muchos, incluso a una edad muy avanzada.
Al final de tus días, cuando estés a punto de presentarte ante Dios, ¿con qué estarás más contento y satisfecho?
7. Después de lo que te he dicho, te aseguro mis oraciones para que el Señor te ilumine más y seas generoso en darle una pronta respuesta si te llama al sacerdocio.
Si te haces sacerdote, o mejor dicho, sacerdote y fraile como yo, al final de tus días no podrás decir: “Me he hecho rico y he dado tanta limosna con las riquezas que el Señor me ha dado”.
Podrás decir en cambio: “Me alegro de no tener las riquezas de este mundo que, de todas formas, habría tenido que dejar atrás. Me alegro, en cambio, de ir ante el Señor con un ejército de almas, muchas de las cuales probablemente se habrían perdido para siempre si no hubieran conocido a un sacerdote, quien se convirtió para ellas en amigo, referente, intercesor y padre”.
Te bendigo y te acompañaré siempre con mis oraciones.
Padre Angelo
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