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Querido Padre Ángelo ¿Es posible rezar sin cesar en la vida cotidiana?

Por ejemplo, al realizar acciones «comunes» como trabajar, escuchar a los demás, conducir con cuidado, etc. ¿Cuál es el valor de estas obras realizadas para la gloria de nuestro Señor?

Gracias por su trabajo y le saludo cordialmente.

Mateo


Querido,

1. La necesidad de la oración continua es predicada por el Señor. Leemos en el Evangelio de Lucas que Jesús «después le enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse». (Lc 18, 1ss). San Pablo también nos exhorta a orar sin cesar: «Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.» (1 Tes 5,17). Por supuesto, no es materialmente posible dedicarse a la oración ininterrumpidamente sin hacer nunca una pausa. La necesidad de la oración continua se ha entendido de diversas maneras.

2. La primera consiste en una actitud de vida por la que, mientras se realizan los deberes en cualquier ámbito, se mantiene la mirada interior fija en Jesús. El Señor dijo: «Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así! Entiéndalo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».» (Lc 12,35-40).  El maestro Eckhart comenta: «Todo hombre debe ser ‘como los hombres que esperan el regreso de su señor’ (Lc 12,36). Los que esperan de este modo, como ciertamente están siempre alerta, miran a su alrededor para ver de dónde viene el que esperan y tratan de verlo en todas las cosas que encuentran, para averiguar si es posible que esté presente en ellas, por extraño que parezca. De este modo, debemos descubrir conscientemente a nuestro Señor en todas las cosas. Esto requiere mucha diligencia porque exige un esfuerzo total de nuestros sentidos y de las facultades de nuestra mente: entonces los que lo consigan estarán en un estado saludable. Buscando a Dios en todas las cosas, lo encuentran en todas las cosas al mismo tiempo… Aquel a quien Dios está así presente en todas las cosas posee verdaderamente el cielo» (Sermones y Tratados, vol. III, p. 20).

3. Para el Catecismo de la Iglesia Católica «la vida de oración consiste en estar habitualmente en presencia de Dios tres veces santo» (CIC 2556).

4. En la Edad Media, la glosa ordinaria (interpretación) comentaba así las palabras de Jesús sobre la oración continua (Lc 18,1): «Vivan siempre en gracia, pues el que está en gracia no deja de orar si no deja de estar en gracia; por tanto, el que ora siempre actúa según la virtud» (glosa ordinaria sobre Lc 18,1).

5. Un segundo modo de entender la oración continua consiste en la voluntad de hacer de cada una de nuestras acciones un sacrificio espiritual agradable a Dios.Para San Ignacio de Loyola, la oración continua consiste en «la perfección de las obras hechas puramente por amor a Dios, dirigidas a Él y hechas en Él» (San Ignacio de Loyola, Diario Espiritual). En este sentido, San Agustín decía: «Orar largamente no es orar multiplicando las palabras. Una cosa es un discurso largo y otra un afecto prolongado. Además, leemos del propio Señor que pasaba la noche en oración, y que oraba largamente, para darnos ejemplo». (Carta a Proba). Y de nuevo: «Alabad a Dios con toda vuestra vida. Alábenlo no sólo con su voz y su canto, sino con el salterio de sus buenas obras. Lo alabas cuando haces negocios, lo alabas cuando tomas comida o bebida; lo alabas cuando descansas en la cama, lo alabas cuando duermes» (Enar. en Sal. CXLVI, 2).

6. Una tercera forma de entender la oración continua es la llamada «oración del corazón». Consiste en la repetición constante de una frase determinada que se abre paso en el corazón del orante. De este modo es posible interiorizar la propia oración. Para los antiguos monjes, esta oración interiorizada consistía en el recuerdo continuo de Dios o de Jesús, es decir, en mantener la presencia de Dios o de Jesús mientras se trabaja, se habla con los demás, se come, etc. Un ejemplo de esta oración es la del peregrino ruso.  

7. Por último, para otros -aquí está la cuarta vía– consiste en cumplir con la obligación de rezar incesantemente observando horas fijas durante el día y la noche es una práctica cristiana muy antigua. Ya se encuentra en la Tradición de Hipólito, que exhorta a rezar a las nueve, a las doce, a las tres, antes de acostarse, a medianoche y al canto del gallo, según motivos que se refieren a acontecimientos de la vida de Cristo. Incluso hoy en día sigue siendo obligatorio para los religiosos y el clero: «El oficio divino, en consonancia con la antigua tradición cristiana, se concibe de tal manera que todo el transcurso del día y de la noche queda santificado por la alabanza a Dios» (SC 84). La oración continua, pues, es la que se hace con la mayor frecuencia posible.

Deseando que lo vivas en las cuatro formas indicadas, te encomiendo con gusto al Señor y te bendigo.

Padre Ángelo