Querido Padre,
desgraciadamente hace más de tres años he perdido a mi esposa y su ausencia para mí es fuente de dolor que se mezcla con la esperanza del reencuentro, y de poder retomar entonces una suerte de diálogo que durante nuestra vida conyugal en ocasiones conoció alguna incomprensión.
De todos modos esto no perjudicó en lo profundo el amor recíproco, pero alberga en mí un gran deseo, claramente muy humano y probablemente sublimable en la eventualidad de un reencuentro en una dimensión ya no condicionada por las elucubraciones terrenales, y es la de añadir algo profundo, espiritual, que tal vez no fui capaz de manifestar adecuadamente en los años vividos juntos.
¿Piensa usted que es posible esto, o todo lo que ahora desearía que fuese, no haría parte de una conciencia que habrá perdido definitivamente las características terrenas?
La belleza, querida por Dios, de la sacralidad del matrimonio, ¿será solamente una realidad evangélica, pero solo terrenal? Gracias, y que Dios lo bendiga, y a su trabajo.
Giovanni
Respuesta del sacerdote
Querido Giovanni,
1. hablando de la vida futura y acerca del hecho de casarse como es habitual en la vida presente, Jesús dice que «en la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que todos serán como ángeles en el cielo» (Mt 22, 30).
En la vida futura no hay necesidad de casarse y de perpetuar el género humano porque se es inmortales.
Como lo ha dicho el Señor, «serán como los ángeles en el cielo».
Hay que prestar atención, no ha dicho que seremos ángeles, porque conservaremos nuestra naturaleza humana.
Es más, para la resurrección final que coincidirá con el fin del mundo, cada uno retomará su propio cuerpo.
En el paraíso, después del juicio universal, no seremos solamente almas, sino almas y cuerpos.
2. Lo seremos con la totalidad de nuestra historia personal, con todas las acciones cumplidas en estado de gracia.
En efecto la Sagrada Escritura dice: «¡Felices los que mueren en el Señor! Sí –dice el Espíritu– de ahora en adelante, ellos pueden descansar de sus fatigas, porque sus obras los acompañan» (Ap 14,13).
Ahora bien, entre las obras más grandes cumplidas en esta vida ciertamente está el matrimonio, el tener hijos, la formación y la vida de nuestras familias.
Reencontraremos todo, y por lo tanto, reencontraremos, marido, esposa, padres, hijos, parientes.
3. Los afectos santificados por Cristo mediante la gracia sacramental permanecen eternamente.
La Iglesia doméstica, que es la familia, no será destruida, sino reconstruida.
Volveremos a encontrarla en el esplendor del proyecto de Dios.
También la Iglesia doméstica, y no solamente la Iglesia universal, será la «Ciudad Santa» de Dios (Ap 21, 2), la «Esposa del Cordero» (Ap 21, 9).
Ya no estará herida por el pecado, por las impurezas, por el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrenal del hombre.
“Todos estos frutos buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontraremos después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal» (CCC 1050).
Nada se perderá de todo esto.
4. Hablando de la bienaventuranza del paraíso, Santo Tomás dice que “la compañía de amigos contribuye al bien ser de la bienaventuranza”(Suma teológica, II-I, 4, 8).
Y puesto que entre marido y mujer existe el más alto grado de amistad porque la recíproca donación es total, la presencia del esposo y de la esposa, como por otra parte también la de los familiares, contribuye a la plenitud de la bienaventuranza, que en cuanto tal se da por el hecho de poseer a Dios y de gozar de Él, fuente de todo bien.
5. Tienes perfectamente razón cuando dices que tienes un gran deseo de agregar algo más profundo, espiritual, que no pudiste dar mientras vivieron juntos.
Sí, por fin con la fuerza del Espíritu Santo amarás a tu esposa con la misma intensidad con que Cristo ama a la Iglesia.
Y tu esposa te amará como la Iglesia, por fin totalmente pura y santa, ama a Jesucristo.
Con este deseo que seguramente es entre los más hermosos, te bendigo, y te aseguro un recuerdo en la oración.
Padre Angelo
15 de Febrero de 2023 | Un sacerdote responde – Teología dogmática – Escatología
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